viernes, 13 de octubre de 2017

Cuando el otro soy yo - Vídeo 15 - Canal Youtube RH&CC

La necesidad del otro es una virtud no una dependencia. Todo lo que hacemos en nuestra vida tiene un eslabón social, estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos. En la interacción se produce la energía, la complementariedad, en definitiva el crecimiento y la evolución. El grupo es más fuerte que el gen individual. El bien del grupo también cuenta en la evolución, porque el mejor resultado que podemos obtener es producto de que todos en el grupo hagan lo mejor para sí mismos y por ende para el grupo.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: CUANDO EL OTRO SOY YO. Muchas gracias al Real Jardín Botánico Juan Carlos I.




DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 6 de octubre de 2017

Los hermanos Presupongo y Prejuicio

No se sabe a ciencia cierta si existieron o no, pero se comenta que los hermanos Presupongo y Prejuicio vivieron casi toda su vida enfrentados y no digo enfrentados por algo en particular. Sino que literalmente no podían despegar su mirada el uno del otro, observándose durante el día y la noche, impulsados por una extraña mezcla de inseguridades, desconocimientos y temores. Eran un reflejo permanente. Los días y años pasaban y estos hermanos nunca se hablaban, solamente se miraban. Fueron envejeciendo frente a frente en una vida casi absurda de silencios, recelos y suspicacias que los llevó a tener por primera vez una acción refleja conjunta y compartida: su propia muerte natural.


Los hermanos Presupongo y Prejuicio jamás imaginaron que en su absurda tozudez y elección de vida compartían algo más que el significado de sus nombres: tenían en plena actividad las  "neuronas espejo". Éstas solamente se activan cuando el mismo acto que realiza una de las personas lo efectúa la otra que lo está observando en el mismo estado emocional.  Pero Presupongo y Prejuicio se mimetizaron de tal manera que no han sido capaces de descubrirlo, siendo prisioneros en su propia cárcel.

Sin embargo, a pesar de su abúlica vida, su legado se esparció por todas las comarcas vecinas, cruzando ciudades, océanos y montañas durante siglos, hasta llegar a nuestros días.

Hoy los “presupongo” y los “prejuicios” son una de las tantas actividades mentales inconscientes que distorsionan la percepción, el verdadero conocimiento, la comunicación y el entendimiento. Pero en este drenaje de desencuentros también hemos aprendido que esas “neuronas espejo”, que en su día estos hermanos no supieron descubrir, hoy son uno de los mayores motores de la empatía, la alteridad y la otredad.

En un mundo que se renueva a pasos agigantados, a veces con vendas en los ojos y con manos en las orejas, la mayor transformación que podemos regalarle a nuestros hijos y su futuro no sólo es trabajar en su conocimiento personal y profesional sino en que puedan tener también la capacidad de descubrir el mundo del “otro”. Los idiomas, la robótica, la física, la ingeniería, la informática, la medicina y otras tantas herramientas de presente y futuro ya las pueden tener en sus manos. Pero la empatía, la alteridad y la otredad necesitan de nuestro tiempo, espacio, esfuerzo e implicación para hacerlo vivir en primera persona siendo nosotros mismos ejemplo en nuestro día a día con parejas, amigos o con nuestro equipo de trabajo. Una sociedad que es incapaz de conocerse nunca tendrá la capacidad de entenderse.

La gran oportunidad del aprendizaje y la evolución está en descubrir los beneficios de ver al “otro” no desde una perspectiva propia, sino teniendo en cuenta sus creencias, vivencias y conocimientos.  Ya lo decía Mahatma Gandhi cuando afirmaba que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”

A veces el miedo a los demás nos hace intolerantes y poco permeables, sin entender que esa reacción puede ser fruto de nuestras propias inseguridades. Abrir y compartir de par en par nuestra duda es abrir cien puertas de oportunidades. Escuchar y conocer al “otro” no es un sinónimo de debilidad, todo lo contrario. Es llegar a un nivel de simbiosis que nos permita reconvertir el “yo” en un “nosotros”, sin perder cada quien su identidad personal y única.

Podemos pasar días y noches en familia, amigos, en el trabajo, en proyectos, compartiendo muchos años juntos y sin embargo que “ese puente” siga sin estar bien construido y por sus huecos caigan en forma de discusiones y desencuentros miles de situaciones que agotan y nos llevan a escenarios poco felices.

Las neuronas espejo son las que nos ponen en el lugar de los demás, pero somos nosotros los que debemos aprender a mirar y conocer al “otro”. No como los hermanos Presupongo y Prejuicio, sino con una visión que proporcione el mejor vínculo afectivo, humilde y perceptivo para comprendernos y tener la capacidad de evolucionar juntos.  

Pensémoslo con simples ejemplos concretos: equipos comprometidos y participativos, clientes satisfechos y fieles, parejas y amigos sólidos en las buenas y en las malas, políticos y ciudadanos con anhelos e intereses comunes. ¿Cómo se logra? Entendiendo que la fuerza más exitosa que tienen nuestras decisiones, objetivos, proyectos y todo lo que emprendamos es la presencia del “otro” como pieza fundamental de nuestro engranaje. Descubrirlo, asumirlo y trabajarlo va por cuenta de cada uno.

viernes, 29 de septiembre de 2017

El fluir de la influencia

Convivimos con la influencia desde nuestro primer instante de vida hasta hoy. Desde los primeros besos y caricias de nuestros padres hasta la gran cantidad de impactos emocionales que recibimos diariamente por distintas vías. La influencia no es sólo un término que hemos descubierto milagrosamente estos últimos años de la mano de los llamados “Influencers”. Sino que podemos decir que es la habilidad de provocar un efecto, una consecuencia o un cambio que altera para bien o mal a personas, grupos, empresas, etc.

Las personas que logran positivamente llegar a generarnos esa sensación de movilización interna tienen un extraordinario talento emocional que los motiva a actuar así.  Todos y cada uno de nosotros tenemos esa capacidad de hacerlo. Y cuando les preguntas “¿por qué lo has hecho?” ellos te responden: “porque estoy seguro que tú harías lo mismo por mí”. Éste es el mejor ejemplo de confianza y colaboración que podemos ver representado ante nuestros ojos.

Muchas veces la dificultad para comprender y darle el valor que se merecen los conceptos de confianza y colaboración es que son emociones, no instrucciones. No puedo decirle a alguien que confíe en mí sólo por el hecho de que se lo estoy pidiendo. No puedo decirles a dos personas o a un equipo que colaboren y creer que simplemente lo harán. No es así como funciona. No es un decálogo, no es un plan de trabajo, ni es un esquema de objetivos a cumplir. Son sentimientos.

Desde la época del Homo Sapiens hemos evolucionado a través de los siglos intentando huir de los peligros que diariamente nos azotaban y que pretendían reducir nuestra expectativa de vida. Esto nos llevó a transformarnos en “animales sociales”, conviviendo y trabajando juntos en pos de objetivos comunes. De esa convivencia y ese trabajo común surge el “círculo de la seguridad”, un espacio o un lugar sensorial que provoca un efecto, una consecuencia y un cambio en nosotros, en definitiva una influencia que nos brinda cobijo, fortaleza, decisión y certidumbre.

Al sentirnos seguros, la reacción natural es confianza y colaboración. Puedo “cerrar los ojos” y tener el convencimiento que alguien de ese círculo velará por mí. Si no confiamos en el otro, si el grado de influencia se traslada al vértice negativo, significa que no hay “garantías ante el peligro”.

Hoy el mundo tiene una “invasión” de influencias que, al igual que en la antigüedad, nos hacen dudar. Porque sentimos que intentan frustrar algún aspecto de nuestra vida o reducir nuestras oportunidades de éxitos. La competencia, la economía, los mercados, las carreras profesionales, los salarios, las hipotecas o el futuro de nuestros hijos. Y desde otro rincón la falta de generosidad, de valores, de escucha y de humildad nos tratan de sacar de la carrera y nos ponen literalmente contra las cuerdas. Influencias que trabajan diariamente para intentar frenar nuestro crecimiento, que nos hacen abrazar al miedo, al estrés, al descontento y a la frustración, sin poder tomar el control de la situación.

Pero es en la confianza y colaboración con esas personas que logran positivamente nuestra movilización interna donde renace la buena influencia. Donde volvemos a sentirnos protegidos por el “círculo de la seguridad”. Y no es una debilidad sino el reconocimiento de la complementariedad, “porque estoy seguro que tú harías lo mismo por mí”. Y en ese fluir de influencias es donde podemos sentirnos más plenos, más nosotros mismos y llenos de fortaleza, decisión y certidumbre.

Porque como decía Oscar Wilde, “influir sobre una persona es transmitirle nuestra propia alma”. Y no hay nada más maravilloso que compartir nuestros proyectos con personas apasionadas, cuyos verdaderos sentimientos influyan en nuestro aprendizaje, crecimiento y felicidad para ser cada día mejor persona y mejor profesional.




viernes, 22 de septiembre de 2017

Viva el fracaso - Vídeo 14 - Canal Youtube RH&CC

Son mis decisiones no mis circunstancias las que me llevan a un camino o a otro. Y es, en la buena reflexión de mis tomas de decisiones, donde puedo reconvertir un error en un acierto. Lo importante es aceptarlo, comprenderlo y aprovechar la oportunidad de la experiencia para mejorar, sin evadir nuestra responsabilidad.

Porque el verdadero éxito está en asumir el fracaso como punto de partida. Y todos debiéramos entender que los errores son la ventana a la innovación, al cambio y al aprendizaje. Y digo todos porque estamos en un ciclo donde queremos innovar, nos gusta hablar de innovación, pero seguimos gestionando el futuro inmediato con visión del pasado. No nos hagamos trampas al Solitario. No hay innovación sin error, sin preparación, sin aprendizaje y sin cambios de patrones mentales y culturales.

El error que lleva detrás consigo un esfuerzo, un trabajo, una dedicación no debe medirse de la misma manera que el error displicente y abúlico. Allí tanto madres, padres, managers o directivos debemos identificar, reaccionar a tiempo y acompañar para crear el marco adecuado según cada circunstancia.

Tenemos que ser capaces de crear el ambiente pertinente tanto para la experimentación como para la gestión de la frustración. La humildad es uno de los valores más importante a contagiar en tiempos de transformaciones y cambios. Porque no aprender nada del fracaso, eso sí que es fracasar.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: VIVA EL FRACASOMuchas gracias a la Universidad de Alcalá de Henares.




DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 15 de septiembre de 2017

Recalculando: El GPS del Cambio

La emoción y la creatividad serán dos pilares fundamentales en la transformación de esta nueva Era.

Todos, desde el lugar que nos toca, estamos embelesados y de alguna manera sorprendidos con el cambio que hemos experimentado en nuestra vida privada o profesional en pocos años. Jugamos y nos reímos de las cosas que hacíamos y cómo la hacíamos tiempo atrás como si se tratasen de siglos. Incluso contarles a nuestros hijos la manera de resolver algunas situaciones nos hacen sentir algo extraños.

Porque la evolución no se detiene y a pasos de gigante se presenta frente a nuestro café por la mañana sin preguntarnos nuestro nombre pero pidiéndonos nuestros credenciales. Todo continúa y la transformación nos regala excelentes soluciones que hasta ayer eran imposibles o un inconveniente. A cada instante vamos descubriendo y aprendiendo verdaderos atajos a las necesidades que se nos presentan diariamente.  A pesar de las grandes desigualdades sociales que hacen lamentablemente injusto este pensamiento, vamos perfeccionando nuestra actividad profesional, social, organizativa e incluso familiar. Y en esa optimización van cayendo a un lado del camino nuestros antiguos esquemas, formas y pensamientos.

Tanto es así que en el pasado la vida estaba diseñada específicamente para cada persona y ésta debía seguir los patrones establecidos para tomar decisiones en su vida. Hoy, las personas intentan romper los modelos y las estructuras y cada uno es el creador de su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida.


Pero ¿dónde podemos descubrir que aún continuamos con los mismos patrones culturales que nos enseñó la experiencia anterior? Por ejemplo, varios estudios de grandes universidades internacionales apuntan a que las áreas técnicas de nuestras profesiones o servicios serán de alguna manera reemplazadas o bien sistematizadas. Ya existen medios eficientes y productivos para comunicarse sin barreras en varios idiomas. Existen programas cada día más asequibles y amigables en su uso para optimizar las labores administrativas y organizativas. Y, sin embargo, seguimos buscando las funcionalidades por sobre las competencias o la tareas por sobre el talento creativo o la visión estratégica.


Nuestra sociedad pide a gritos gente que emocione por encima de los ruidosos propagandistas de lo inmediato. Gente que contagie su pasión por su oficio, por su capacidad de análisis, por su credibilidad, su idoneidad para distinguir entre lo importante, urgente y prescindible. Y por sobre todo que tenga el talento de comprender que no hay títulos, ni jerarquías ni riquezas que estén por encima de la capacidad de descubrir lo aparentemente invisible y actuar conscientemente invisible.


Es por ello que si seguimos haciendo lo que estábamos haciendo hasta ahora, conseguiremos lo mismo que ayer pero en un escenario totalmente diferente, con necesidades diferentes, herramientas diferentes y por ende más cerca del error que del acierto.


Nadie sube a hacer snowboard con indumentaria de running o nadie emprende una misión espacial con bañador y chanclas. Cada misión nos pide que llevemos lo más adecuado para obtener el mejor resultado. Si continuamos girando en la rueda del hámster probablemente caigamos agotados por cansancio y frustración.


Esta transformación es una excelente oportunidad de innovación, no es una moda, no es un like, no es un mero compartir, no es apropiarse de discurso repetido porque todos hablan de lo mismo pero no sabemos por qué hablamos.  Es el cambio hacia la emoción y el talento creativo, hacia la visión 360º, alejando la fiebre paranoica de la digitalización y de la sectorización.
En la Era del Instante, la sensación de inmediatez magnífica la posibilidad de perderlo todo. Pero la carrera ha comenzado y tenemos todo por ganar dejándonos seducir por la capacidad de integración, trabajando en global, como verdaderas redes inteligentes y no como huérfanos aspirantes del éxito.


Hoy somos empresa, padres, clientes, hijos, amigos, todo al mismo tiempo. Todo es correlativo, todo tiene un factor común. Recalculemos, estamos a tiempo. Que esta Transformación reubique lo importante, urgente y prescindible. Y que el GPS del Cambio nos guíe para que juntos nos emocionemos del auténtico poder de la observación y de la empatía, porque en el conocimiento del otro encontraremos las verdaderas respuestas que tanto estábamos buscando.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego