viernes, 2 de diciembre de 2016

Nadie mejor que yo

Cuando finalizaban las innumerables horas frente a la televisión intentando ser parte de cada saque o de cada revés paralelo en la última final de la Copa Davis y vi caer al suelo de alegría al tenista argentino, mi cuerpo y mi mente se llenaron de fuerza y emoción, no sólo por un triunfo deportivo sino por entender el gran mensaje que estaban transmitiéndonos a todos independientemente del color de las banderas.

Podemos esperar 100 años a que llegue nuestra oportunidad o participar de 5 finales, pero si no logramos entender que sólo nosotros somos los responsables de nuestros logros o al menos del “cómo” lo intentamos, tropezaremos una y otra vez con la desilusión y la frustración.

Nadie se levantará por nosotros cada mañana. Nadie hará esa llamada pendiente que nos da miedo hacer. Nadie se pondrá de pie por nosotros en el rincón del cuadrilátero cuando estemos caídos pidiendo agua. Y nadie dirá por nosotros cuándo es el día del “tenemos que hablar”. 

Debemos liderar, aunque de momento nadie nos siga. Es tiempo de hacer aquello que creemos que no va a funcionar, aunque nunca nos hayamos animado a hacerlo. Es la oportunidad de fallar y volver a intentarlo sin dar paso al conformismo. Es el momento de superar la mediocridad ajena dando un paso adelante. Y de olvidarnos de los que nos han olvidado porque nunca probablemente debiéramos haberlos encontrado. Saber lo que nos define y en lo que podemos marcar la diferencia. Dejar las excusas para el 30 de febrero. No podemos vivir esperando que vean lo grandes que somos, sino vivir intentando ser grandes, que ya lo verán. 

Todos pedimos algo a cambio: las plantas para crecer piden agua y luz, el coche para andar reclama gasolina y el niño para dejar de llorar añora el pecho de su madre. Somos indirectamente dependientes del otro, de sus palabras, de su sonrisa, de su apoyo, de su silencio, de su escucha, de su saber estar en tiempo y forma. Y cuando tocamos fondo nos gustaría encontrar miles y miles de brazos que se extiendan y nos saquen inmediatamente del agujero en el que hemos caído. Pero cuando pasan los días, nos damos cuenta que por más que lo intentemos, de allí sólo saldremos por nuestros propios medios.

Esto no es un modelo de abandono, aunque nos enfademos y veamos el mundo en nuestra contra, sino todo lo contrario. Aquellos que nos quieren y desean nuestra felicidad nos esperan allí arriba como un padre vigilante de su niño en sus primeros pasos, con esa sensación de angustia por la posible caída y la satisfacción por la autonomía del esfuerzo. Porque lo realmente importante es que estén allí arriba esperándonos, mirándonos, alentándonos, confiando en que nosotros podemos salir de ese hoyo por nuestros propios medios. La importancia y el valor de estar.

Emprende el que sabe olvidar aprendiendo donde no volver a pisar. Porque pasamos años y años buscando los momentos ideales para tomar las mejores decisiones, y cuando no somos nosotros los encargados de hacerlo es la propia vida que nos arroja un jarro de agua fría sorprendiendo a nuestra pasividad. Nos llenamos de excusas y justificaciones, casi imploramos a que las circunstancias o personas cambien, pero los que verdaderamente tenemos que iniciar el ciclo del cambio somos nosotros.

El poder de la confianza es maravilloso cuando nos la regalan, pero aún más cuando nos la regalamos. Aunque el talento, la inteligencia innata o la suerte pueden facilitar la excelencia en cualquier disciplina, ninguno de estos elementos es suficiente para impedir que lleguemos a nuestros objetivos. Gritar a los cuatro vientos “Nadie mejor que yo” y convertirnos en lo que somos capaces siendo lo que somos, será la gran escalera que nos sitúe en el lugar que anhelamos.

DIEGO LARREA BUCCHI 


viernes, 25 de noviembre de 2016

Vídeo 2 - Canal Youtube RH&CC: "El Liderazgo y la fuerza de la Humildad"

En un mundo que exalta con entusiasmo al líder de personalidad magnética es posible impulsar y potenciar el liderazgo humilde.  Porque el auténtico liderazgo basado en esta actitud o valor ayuda a cumplir los objetivos de la empresa y la hace más productiva, creíble, cercana, construyendo así una organización o un equipo motivado, inspirado y comprometido.

"La humildad no es una debilidad, por el contrario, es la base de un gran liderazgo"

Debe ser humilde al momento de afrontar la complejidad del otro. Su nivel de liderazgo se pondrá de manifiesto en los momentos de dificultad, de malos entendidos, de traspiés, de falta de orientación, de desánimos, dando la cara por sus equipos, realizando una escucha empática, aplicando su inteligencia situacional y emocional, y sobre todo dando lugar a la buena confianza. 

Te invito a continuar esta reflexión con el siguiente vídeo: EL LIDERAZGO Y LA FUERZA DE LA HUMIDAD




DIEGO LARREA 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Las expectativas (Esperas que desesperan)

La escucha de la expectativa es una de las grandes claves de las relaciones humanas y comerciales del siglo XXI. El escenario del mundo de los negocios, por ejemplo, es el fiel reflejo de la sociedad en la que se desenvuelve y por tanto es imprescindible conocer y comprender de primera mano las expectativas, tanto de los que integran la empresa desde dentro (sus trabajadores) como los que forman parte de ella desde fuera (sus clientes). Lo mismo sucede entre las personas.

El simple detalle del ser, del estar o del formar parte, genera directamente o indirectamente una expectativa, tanto en el plano personal como profesional. Que ella se produzca es un buen síntoma porque esa sensación que asoma en el interior del que la tiene evidencia interés y acción. También demuestra una sana ambición por ser miembro de un proyecto, por sentirse equipo y grupo, por vivir un espíritu de unidad, de colaboración, integración, valoración, desarrollo, etc.

Uno de los coches más difíciles de conducir es la gestión de las expectativas propias y ajenas. Una sola marcha mal puesta, una distracción al volante, un giro inadecuado, una velocidad inapropiada provocará automáticamente un choque de carácter mortal y muy difícil de gestionar en la “Unidad de Emergencias de las Disculpas”.

Las expectativas son creencias profundas que las personas tenemos sobre las posibilidades, sobre el potencial que otros seres humanos o nosotros mismos poseemos. Cuando creemos que existe algo de un valor extraordinario, emerge de forma natural el deseo ardiente de hacerlo surgir.

Vivimos esperando con curiosidad y tensión un acontecimiento que para nosotros es más o menos importante. Mantenemos la posibilidad de que ocurra, a la espera de que suceda, con la convicción de que pasará, porque en realidad no vivimos las expectativas como una posibilidad, sino como algo a lo que tuviéramos derecho, algo que ya hemos visto, que ya hemos mirado (exspectātum) y que a lo sumo sólo está por llegar.

De ahí la importancia de la buena gestión de las expectativas, tanto del que las tiene, del que las produce o del que tiene las llaves para que se concreten o no. Pero cuidado, no confundamos expectativas con compromisos o expectativas con exigencias. La buena comunicación, la empatía, y el verdadero conocimiento del otro harán que estemos al menos muy cerca de comprender el porqué de esos anhelos. Tratando de conectar de una manera transparente, en un marco de buena confianza, y estando siempre a la altura para brindar con humildad el acompañamiento necesario.

Trabajadores, clientes, parejas, amigos, todos necesitan manifestar o compartir de alguna manera sus expectativas. Por lo tanto, todos jugamos un rol muy importante a la hora de dar la contención necesaria para que el agua de las expectativas nunca desborde el río. Y, además, porque esas expectativas también pueden ser nuestras.

Mis expectativas son la expresión de lo que yo deseo, lo que forma parte de mí y debo ser consciente de ellas, no darlas por sentadas y mucho menos por descontadas. Darles presencia, darles palabra, y sobre todo darles acción, huyendo de la exigencia. El cómo experimentamos las cosas depende en buena medida de lo que esperamos de ellas. Nuestras expectativas influyen en cómo percibimos la realidad. Por eso son tan valiosos nuestros pensamientos, porque determinan la manera en que nos enfrentamos a lo que nos rodea. Y es muy valioso rodearnos de personas claras, que nos aporten luz y excelente sensibilidad para sacar de nosotros lo mejor.

Podemos dar respuestas o acompañar las expectativas de nuestros equipos, de nuestros clientes, parejas, amigos e hijos, de una manera cercana, buscando el buen momento, llenos de escucha, con inteligencia situacional y emocional para no generar esperas que desesperen. El buen conocimiento del otro siempre será un éxito independientemente del camino a seguir.

Y tan importante es cuidar las expectativas que como dijo Xavier Velasco: “sufre uno por aquello que espera, más que por lo que quiere. Aceptamos que los deseos puedan ser imposibles, pero jamás las expectativas, que son como las deudas del destino”.


DIEGO LARREA 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 11 de noviembre de 2016

El Valor de la Importancia

En esas tardes calurosas de Buenos Aires, mi querida abuela me recordaba lo importante que era hablar suavemente a las plantas y hasta incluso acariciarlas.  Algo que de pequeño yo no entendía y hasta me parecía un poco raro. Ella me miraba con sus dulces ojos de «algún día lo entenderás» y continuaba mimándolas y regándolas. Y cuando observaba de lejos el precioso resultado de ese cuidado, algo me decía que no se estaba equivocando.

El sentirnos valorados, queridos, cuidados, en definitiva, el sentirnos importantes para los demás tiene unas dimensiones y unas repercusiones extraordinarias en nuestra salud física, psíquica, emocional y en nuestro rendimiento profesional.


Las endorfinas se activan cuando nos hacen o hacemos sentir importantes, considerados, valorados, incluidos y cuidados a los demás. Y de esta forma logramos estimular el potencial ilimitado que cada ser humano posee internamente, haciendo que el desempeño tanto personal como laboral sea mucho mejor. Los detalles son los grandes responsables de todo éxito. Porque todo lo que sentimos profundamente o imaginamos con claridad queda impreso en el subconsciente, manifestándose en esos sutiles y aparentemente imperceptibles detalles. El valor de la importancia es el más grande de los detalles. Un regalo noble que aprecia más de lo que imaginamos un amigo, nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros equipos, nuestros compañeros y también nuestros clientes.

¿Y qué cosas hacen sentir importante al otro? Edificar su autoestima desde un lugar noble y cercano, reconocer su existencia, sus necesidades, aceptar su esencia, conociéndole y «escuchándole y no oyéndole». Tomarse el buen tiempo para generar juntos la confianza a pesar de las distancias y posibles fracasos. Construir caminos juntos y no invitando siempre a que caminen el nuestro. Estar en el momento indicado que el otro lo necesite y no cuando yo pueda. Dar la cara cuando él esté en plena lluvia de bofetadas, brindándole la palabra justa. Es decir, intentar caminar con sus zapatos antes de juzgarlo, pero por sobre todas las cosas: regalar detalles.

Y, por el contrario, lo que NO hace sentir importante al otro es: cuando lo destruimos con la ignorancia, con el olvido, con el aislamiento, con los prejuicios, con el sectarismo o ensuciando su confianza.  También se lo destruye, entre otras cosas, cuando no escuchamos para entender sino para contestar, con la crítica humillante en público, con el teléfono en la mano y la urgencia repentina cuando nos necesitan, cuando lo que me pasa a mí siempre es lo urgente e importante, cuando los problemas del otro son una montaña de aburrimiento o cuando consideramos que es incapaz de gestionar sus emociones correctamente.

Por lo tanto, tenemos en nuestras manos la capacidad de crear espacios de convivencia, comunicación y colaboración cada vez más próximos, creíbles, y duraderos que hagan emerger lo mejor de cada uno llegando a resultados extraordinarios.

No dejemos que las plantas que están a nuestro alrededor se marchiten, hagámosles sentir importantes, reguémoslas y cuidémoslas todos los días. Porque tal vez lo realmente importante sea esto: el valor de la importancia, y no donde ponemos nuestro foco día a día. Y recordemos algo que nunca falla: mañana podemos ser “el otro”.

Detengámonos solo unos instantes para pensar en todos aquellos que ahora están a nuestro alrededor, y que dependen directa o indirectamente de nosotros. Saquemos esos pequeños grandes detalles que están a la alcance de nuestras manos para fomentar relaciones, proyectos, trabajos de una calidad única, colaborativa y multiplicadora de buenas emociones. Seguramente nos van a conducir al éxito, producto de poner en valor la importancia del otro. Porque como decía Mark Twain, «la gente grande es la que te hace sentir que tú también puedes ser grande».

Regalemos un detalle, regalemos un valor, regalemos importancia.

DIEGO LARREA 
Twitter: @larreadiego 



lunes, 7 de noviembre de 2016

Vídeo 1 - Canal Youtube RH&CC: "Las personas, la verdadera disrupción digital"

 CANAL YOUTUBE RH&CC - DIEGO LARREA BUCCHI
La transformación digital también nos brinda una excelente oportunidad multiformato para continuar compartiendo nuestras ideas, pensamientos, etc. Y hoy comparto con todos mis lectores y lectoras de este Blog mi Canal Youtube de RECURSOS HUMANOS & CULTURA COLABORATIVA. Otra manera de continuar conectados viviendo y haciendo vivir los temas que más nos apasionan relacionados con las PERSONAS.

Gracias a tod@s los que me animaron a dar este primer paso y que me acompañan viernes a viernes, con sus aportaciones, ideas, proyectos, sugerencias, y por que no también con todo su cariño.

Os invito a mirar el primer vídeo sobre LAS PERSONAS, LA VERDADERA DISRUPCIÓN DIGITAL
 LAS PERSONAS, LA VERDADERA DISRUPCIÓN DIGITAL


Gracias por tu difusión y puedes suscribirte al Canal!!!

DIEGO LARREA 
Twitter: @larreadiego