viernes, 22 de septiembre de 2017

Viva el fracaso - Vídeo 14 - Canal Youtube RH&CC

Son mis decisiones no mis circunstancias las que me llevan a un camino o a otro. Y es, en la buena reflexión de mis tomas de decisiones, donde puedo reconvertir un error en un acierto. Lo importante es aceptarlo, comprenderlo y aprovechar la oportunidad de la experiencia para mejorar, sin evadir nuestra responsabilidad.

Porque el verdadero éxito está en asumir el fracaso como punto de partida. Y todos debiéramos entender que los errores son la ventana a la innovación, al cambio y al aprendizaje. Y digo todos porque estamos en un ciclo donde queremos innovar, nos gusta hablar de innovación, pero seguimos gestionando el futuro inmediato con visión del pasado. No nos hagamos trampas al Solitario. No hay innovación sin error, sin preparación, sin aprendizaje y sin cambios de patrones mentales y culturales.

El error que lleva detrás consigo un esfuerzo, un trabajo, una dedicación no debe medirse de la misma manera que el error displicente y abúlico. Allí tanto madres, padres, managers o directivos debemos identificar, reaccionar a tiempo y acompañar para crear el marco adecuado según cada circunstancia.

Tenemos que ser capaces de crear el ambiente pertinente tanto para la experimentación como para la gestión de la frustración. La humildad es uno de los valores más importante a contagiar en tiempos de transformaciones y cambios. Porque no aprender nada del fracaso, eso sí que es fracasar.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: VIVA EL FRACASOMuchas gracias a la Universidad de Alcalá de Henares.




DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 15 de septiembre de 2017

Recalculando: El GPS del Cambio

La emoción y la creatividad serán dos pilares fundamentales en la transformación de esta nueva Era.

Todos, desde el lugar que nos toca, estamos embelesados y de alguna manera sorprendidos con el cambio que hemos experimentado en nuestra vida privada o profesional en pocos años. Jugamos y nos reímos de las cosas que hacíamos y cómo la hacíamos tiempo atrás como si se tratasen de siglos. Incluso contarles a nuestros hijos la manera de resolver algunas situaciones nos hacen sentir algo extraños.

Porque la evolución no se detiene y a pasos de gigante se presenta frente a nuestro café por la mañana sin preguntarnos nuestro nombre pero pidiéndonos nuestros credenciales. Todo continúa y la transformación nos regala excelentes soluciones que hasta ayer eran imposibles o un inconveniente. A cada instante vamos descubriendo y aprendiendo verdaderos atajos a las necesidades que se nos presentan diariamente.  A pesar de las grandes desigualdades sociales que hacen lamentablemente injusto este pensamiento, vamos perfeccionando nuestra actividad profesional, social, organizativa e incluso familiar. Y en esa optimización van cayendo a un lado del camino nuestros antiguos esquemas, formas y pensamientos.

Tanto es así que en el pasado la vida estaba diseñada específicamente para cada persona y ésta debía seguir los patrones establecidos para tomar decisiones en su vida. Hoy, las personas intentan romper los modelos y las estructuras y cada uno es el creador de su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida.


Pero ¿dónde podemos descubrir que aún continuamos con los mismos patrones culturales que nos enseñó la experiencia anterior? Por ejemplo, varios estudios de grandes universidades internacionales apuntan a que las áreas técnicas de nuestras profesiones o servicios serán de alguna manera reemplazadas o bien sistematizadas. Ya existen medios eficientes y productivos para comunicarse sin barreras en varios idiomas. Existen programas cada día más asequibles y amigables en su uso para optimizar las labores administrativas y organizativas. Y, sin embargo, seguimos buscando las funcionalidades por sobre las competencias o la tareas por sobre el talento creativo o la visión estratégica.


Nuestra sociedad pide a gritos gente que emocione por encima de los ruidosos propagandistas de lo inmediato. Gente que contagie su pasión por su oficio, por su capacidad de análisis, por su credibilidad, su idoneidad para distinguir entre lo importante, urgente y prescindible. Y por sobre todo que tenga el talento de comprender que no hay títulos, ni jerarquías ni riquezas que estén por encima de la capacidad de descubrir lo aparentemente invisible y actuar conscientemente invisible.


Es por ello que si seguimos haciendo lo que estábamos haciendo hasta ahora, conseguiremos lo mismo que ayer pero en un escenario totalmente diferente, con necesidades diferentes, herramientas diferentes y por ende más cerca del error que del acierto.


Nadie sube a hacer snowboard con indumentaria de running o nadie emprende una misión espacial con bañador y chanclas. Cada misión nos pide que llevemos lo más adecuado para obtener el mejor resultado. Si continuamos girando en la rueda del hámster probablemente caigamos agotados por cansancio y frustración.


Esta transformación es una excelente oportunidad de innovación, no es una moda, no es un like, no es un mero compartir, no es apropiarse de discurso repetido porque todos hablan de lo mismo pero no sabemos por qué hablamos.  Es el cambio hacia la emoción y el talento creativo, hacia la visión 360º, alejando la fiebre paranoica de la digitalización y de la sectorización.
En la Era del Instante, la sensación de inmediatez magnífica la posibilidad de perderlo todo. Pero la carrera ha comenzado y tenemos todo por ganar dejándonos seducir por la capacidad de integración, trabajando en global, como verdaderas redes inteligentes y no como huérfanos aspirantes del éxito.


Hoy somos empresa, padres, clientes, hijos, amigos, todo al mismo tiempo. Todo es correlativo, todo tiene un factor común. Recalculemos, estamos a tiempo. Que esta Transformación reubique lo importante, urgente y prescindible. Y que el GPS del Cambio nos guíe para que juntos nos emocionemos del auténtico poder de la observación y de la empatía, porque en el conocimiento del otro encontraremos las verdaderas respuestas que tanto estábamos buscando.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 8 de septiembre de 2017

El instante decisivo

En un segundo la Tierra recorre 29,8 kilómetros en su órbita alrededor del sol, nacen 4,3 personas y mueren 1,8, se cortan 11 árboles en el Amazonas, se realizan 54.000 búsquedas en Google, se escriben 7.000 tweets, se envían 2.383.625 de emails, Amazon vende por 2.361 dólares, uno de los ordenadores más potentes del mundo puede realizar 33.860 billones de cálculos, en Facebook se realizan 52.083 publicaciones y se envían 312.500 mensajes de Whatsapp.

En este mundo tan vertiginoso, la capacidad de entender y valorar el “instante decisivo” es una de las condiciones indispensables para gestionar de la mejor manera posible nuestra vida personal y profesional. Aquellos momentos que no esperan, que no piden permiso y que no cuestionan, sólo llegan y se marchan en un segundo. Que se transformen en pasado o en oportunidades dependen exclusivamente de nosotros.



Porque carecemos de toda influencia sobre ese pasado, del que no podemos cambiar nada. Cualquier “hubiera" o “debería haber hecho esto o aquello” cae al precipicio de nuestras intenciones. Solo hay dos actos que podamos plantear con respecto a nuestro pasado: aceptarlo y aprender. Y por otro lado, tampoco somos capaces de dominar nuestro futuro: independientemente de las buenas previsiones, planes, objetivos y promesas que hagamos.

Por lo tanto, el instante de esa llamada, de esa palabra, de ese silencio, de esa sonrisa, de esa espera, de esa pregunta o de esa respuesta, es la llave que cierra o abre caminos, posibilidades, proyectos y relaciones. Desde siempre los expertos en marketing nos aconsejan “estar en el lugar y en el momento indicado”. Pues bien, aquí es igual. Y no solamente es un “ser y estar”, sino es dar el paso, actuar, movernos, asumir riesgos, buscar la ocasión o coyuntura para que las cosas sucedan con la paciencia y la habilidad indicada. El «segundo que lo cambia todo» no pide permiso. No lo pidas tú para cambiar las cosas. 


El espíritu de la generosidad tiene mucho que decir dentro del “instante decisivo” porque todo aquello que yo haga por el otro y modifique su vida en un segundo provocará un efecto rebote. Si fuésemos capaces de introducir esta acción de colaboración en nuestra gestión del día a día con nuestras parejas, familiares, amigos, clientes, colaboradores o equipo, veríamos de manera muy concreta como los resultados dejan de ser un anhelo para convertirse en una profunda herramienta de cambios, productividad, valores y rendimiento.

Todo esto evidentemente no se aprende en una formación, ni con un programa ni aplicación, ni con una excelente charla motivadora. Esto se asimila en el día a día con la ejemplaridad, con la humildad, haciendo vivir y viviendo en primera persona los valores, la inteligencia emocional y  la escucha permanente. Porque el otro está más cerca de lo que imaginamos y las oportunidades se encuentran en la buena gestión de esos “instantes decisivos” que nos regala cada día.

Nada se ha gestado solamente con buenas intenciones, con frases que permanentemente chocan en nuestra cabeza hasta convencernos que mañana es mejor que hoy. Abramos las ventanas de nuestro propio éxito y dejemos que ventile y se marche lo que callamos, lo que no hacemos, lo que dejamos pasar y aquello que no vemos o que no queremos ver. 
Dejemos que entren los instantes de aire fresco, que peguen directamente en nuestra cara. Y con esa pasión renovada, miremos a nuestro entorno más inmediato y seamos capaces de contemplar los detalles, porque seguramente donde y cuando menos lo esperemos alguien o algo nos estará esperando con los brazos abiertos.

Descubramos nuestro propio “instante decisivo”, porque como decía el escritor de la antigua Roma, Publilio Siro: “la oportunidad se presenta tarde y se marcha pronto”. Y la vida, amigos míos, es un búmeran que regresa vacío si no hemos hecho nada, o lleno si en “ese segundo” hemos grabado nuestro nombre.


DIEGO LARREA BUCCHI 


viernes, 1 de septiembre de 2017

La Generosidad como ruptura del Cambio - Vídeo 13 - Canal Youtube RH&CC

Hoy trabajamos el verdadero sentido de la transformación digital, cultural y humana que mejor encaja en nuestro modelo de Organización, pero no debemos perder de vista uno de los grandes soportes claves de este gran proceso: la generosidad.

Podemos diseñar el mejor plan de comunicación, la mejor base de colaboración, junto al sistema informático más ameno y productivo del mercado. Pero entre todos debemos lograr que la generosidad sea la principal herramienta a la hora de interactuar, demostrando que es uno de los valores fundamentales, tanto en nuestra vida profesional como en la personal.

Y estos valores son tan etéreos como los queramos utilizar y colgar, pero tan pragmáticos como decidamos ejercitarlos en primera persona.

La generosidad es un estilo de vida, es una forma de ser, de trabajar, de hacer comercio, de relacionarse, de interpretar los detalles básicos de lo realmente importante. La generosidad no mide, no espera, no especula, no tiene discursos, es pura acción y su impacto rebota.

Pero sobre todas las cosas, la generosidad es riqueza y esa riqueza está en lo colectivo. Y la inteligencia en la humildad para reconocerlo.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: LA GENEROSIDAD COMO RUPTURA DEL CAMBIO - Muchas gracias a la Universidad de Alcalá de Henares.

Sonido Aula


viernes, 14 de julio de 2017

El freno (El liderazgo Inseguro)

Estamos viviendo una transformación y cambio en todos los aspectos relacionados con nuestra vida y también en el ámbito del trabajo que junto al estilo de management y liderazgo no son una excepción. Existen una gran mayoría de profesionales que hoy ocupan un puesto de responsabilidad y tienen equipos a su cargo dentro de una organización que trabaja bajo los nuevos parámetros relacionales y de comunicación que la nueva sociedad demanda. Sin embargo, como en todo proceso, aún queda mucho por hacer.

Los hábitos y los viejos patrones y conductas no son simples de erradicar. Y más, en ámbitos donde el éxito ha acompañado durante años, donde las culturas están tan arraigadas que parecen a simple vista impenetrables. Incluso, donde los que toman las verdaderas decisiones están “más allá del bien y del mal” aunque el tsunami del cambio golpee sus puertas.

Cuando una persona se encuentra estancada profesionalmente, teniendo delante una manager o un equipo de dirección donde su estilo es más cercano al siglo XIX, los pensamientos y deseos por abandonar ese proyecto comienzan a ser una constante en su día a día.

¿Y qué aspectos pueden hacernos sentir incómodos y desencantados? Por ejemplo, la falta de valoración, el sentirse marginado del “grupo de los elegidos”, no compartir la manera de vivir los valores de la empresa o el cómo los vive el propio jefe. Que haya una cierta incompatibilidad entre ambos por desconocimiento, la falta de escucha sincera y que el manager sienta una permanente amenaza personal por la evolución y el desarrollo de su colaborador.

El miedo, producto de la inseguridad camuflada en distintos tipos de personalidades, es una de las características comunes en este tipo de perfiles de mando. Como comentaríamos coloquialmente en privado: están más a la expectativa de ser “puenteados” en las decisiones, o de si alguien quiere “robarles su puesto” (en argentino diríamos: “serrucharles el piso”) que de ser verdaderos líderes, referentes, coherentes e inspiracionales.

Dice una famosa reflexión que: “la gente no renuncia a las empresas, renuncia a los malos jefes”. Pues es allí donde la Dirección de la compañía debe asumir un rol protagónico y ejemplar, alejándose de la jerarquía meramente institucional e interviniendo de manera directa y ejemplificadora. Porque la pérdida del talento, de la experiencia, de la formación, del conocimiento de la cultura, deben encender las alarmas internas sobre todo en un mercado tan competitivo y fluctuante como en el que nos encontramos.

Como empresa no podemos permitirnos que la falta de sincronía entre un manager tóxico y su colaborador provoque un cortocircuito y una pérdida de capital humano. Esta es una lección que debemos aprender todos los que intentamos plasmar excelentes e imparciales programas de Evaluación de Desempeño, bien para Headhunters, Recruiter, o Selectores de Personal porque “no todo siempre es lo que parece” en el final de una experiencia profesional.

Una de las grandes misiones del nuevo liderazgo institucional es el convencimiento real que las personas son lo más importante en una organización. Venciendo así a la vieja cultura que aún está convencida que esta forma de gestionar es de «colorines y celofán». En este nuevo modelo, es el jefe quien tiene un deber ético con su equipo directo. Trabajar en ambientes donde el amiguismo, la condescendencia, el sectarismo, la falta de humildad y de aceptación o el desprecio por la discrepancia son moneda corriente, implica un verdadero agujero dentro de la verdadera transformación y cambio que una Empresa quiera realizar.

Aceptar este tipo de situaciones, escuchar solamente una de las partes, hacernos partícipes del murmullo y percepciones ajenas, no tener una clara posición al respecto más allá de lo que opinen los demás, no colaborar desde nuestro lugar para intentar solucionarlo, hacer oídos sordos ya que “esto no va conmigo”,  hacen que de alguna manera seamos corresponsables como miembro de una institución de lo que en ella se está viviendo.

Porque, ¿de qué servirá trabajar en Valores o en grandes Misiones y Objetivos si dentro de nuestra propia casa no podemos ser creíbles?. La imagen de marca empleador es una riqueza incalculable. Y cada manager tiene una responsabilidad única. Hoy no sólo se es marca sino experiencia, y más que marca debe dejar huella. Por lo tanto nuestra credibilidad hoy traspasa paredes y llega a la familia del empleado, a sus amigos y a sus círculos inmediatos desarrollándose poco a poco el verdadero mensaje no escrito que vamos a transmitir a la sociedad, en definitiva a nuestros clientes.

Hay muchas maneras de afectar la productividad, el compromiso de un equipo de trabajo y la reputación de las empresas. Pero tener entre nuestras filas los frenos que impidan el verdadero desarrollo de la innovación, de la competitividad y de la cultura, es un verdadero problema. Y aún más, cuando son unos convencidos que el deseo de evolucionar de una persona es simplemente un “afán desmedido de poder o ambición”.

Las organizaciones triunfan cuando sus profesionales se comportan con seguridad, autenticidad, humildad y audacia. Los auténticos líderes buscan equipos con integrantes mejores que ellos mismos y viven con orgullo el participar de su desarrollo y evolución. Su verdadera misión es hacer que las cosas sucedan, ejerciendo una influencia positiva. No se trata de una personalidad estridente, o de tener una buena comunicación o facilidad para hacer amigos, se trata de tener el talento para llevar el potencial ajeno a límites inimaginados en post de los mejores resultados.  

Si algún día sentimos como el freno inseguro entorpece nuestro andar, recordemos que no hay fracasos, sólo hay resultados. Y nuestro mejor resultado es el aprendizaje de haberlo vivido, por más doloroso y solitario que haya sido el camino. Mirar desde el fondo ayuda a dimensionar el camino hacia la salida y también a prevenir futuras caídas.  Como decía Jack Welch: “Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder”.



DIEGO LARREA BUCCHI