viernes, 15 de diciembre de 2017

Nadie mejor que yo - Vídeo 18 - Canal Youtube RH&CC

Debemos liderar, aunque de momento nadie nos siga. Es tiempo de hacer aquello que creemos que no va a funcionar, aunque nunca nos hayamos animado a hacerlo. Es la oportunidad de fallar y volver a intentarlo sin dar paso al conformismo. 

Es el momento de superar la mediocridad ajena dando un paso adelante. Y de olvidarnos de los que nos han olvidado porque nunca probablemente debiéramos haberlos encontrado. 

Saber lo que nos define y en lo que podemos marcar la diferencia. Dejar las excusas para el 30 de febrero. No podemos vivir esperando que vean lo grandes que somos, sino vivir intentando ser grandes, que ya lo verán. 

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: "NADIE MEJOR QUE YO":

Seremos los verdaderos campeones cuando nos levantemos una y otra vez después de cada caída. Ese será la mejor de las recompensas y el verdadero aprendizaje. Señal que lo hemos logrado.

Y como dijo Séneca: "No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba".

Muchas gracias a tod@s por ver y compartir este vídeo y poder reflexionar juntos.
Muy buen fin de semana y hasta la próxima publicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 


viernes, 8 de diciembre de 2017

El timón de la ambición

No es lo que puedes hacer con aquello que deseas, sino lo que has hecho con aquello que tienes. Vivimos permanentemente gestionando lo que vendrá y los hubiera. Una agenda personal vertiginosa, mutante, trémula, impaciente, alarmada e inestable que nos mantiene en un estado de continua gestión de la incertidumbre. En la era de la instantaneidad, la inmediatez representa un gran reto en la asimilación de los nutrientes socioculturales necesarios para una buena evolución. Pensar permanentemente en lo que pudo ser o lo que necesito ser no nos convierte en más pragmáticos, ni más innovadores o garantes de nuestra seguridad.


Hemos descubierto en esta últimas décadas como en el estudio de nuestra alimentación aparecía el diagnóstico de la “intolerancia”. Pero si medimos de la misma manera nuestro “Sistema de la Necesidad”, probablemente los resultados analíticos nos darían un elevado porcentaje de intolerancia a la espera, con llamativos ratios en aceptación y frustración. La buena noticia es que nunca encontraremos, en la receta de nuestro buen profesional de confianza, el remedio del conformismo ante estos casos. Es por ello, que la sola toma de conciencia de la existencia de un gran espacio vacío entre nuestro deseo y lo que realmente tengo, pone de manifiesto la primera aceptación de un “hoy” abandonado. El “querer” y el “quise” se transforman en arena entre los dedos cuando pensamos en lo que “quiero”. Gestionar el presente no es una bonita frase de autoayuda, es un mandamiento obligado a quitarnos el abrigo de las excusas.


La aceptación del presente y la capacidad de autogestionar la frustración nos lleva a un profundo grado de descubrimiento y madurez de nuestras oportunidades concretas de éxito. Lo que tenemos en nuestras manos de manera indirecta o directa lo hemos traído nosotros mismos a nuestras vidas, y escaparnos de ese mandato nos debilitará en las posibles buenas decisiones futuras. Aprender a saborear los buenos instantes o reconvertir los segundos eternos de frustración, son dos de los mejores remedios que nos ayudarán a reducir los elevados índices de ansiedad y a recubrir de vitaminas nuestras áreas vulnerables.

Nacemos con la buena ambición en nuestros ojos, buscando modelos de aprendizaje, espejo y desarrollo. Los padres, hermanos, maestros comienzan siendo nuestro faro en un mar vacilante de incertidumbres. Y dentro del primer barco de verbos copulativos comienzan nuestros primeros pasos por el “ser, estar, parecer y semejar”. Cada milímetro, centímetro o metro que vamos navegando aspiramos el aire del logro, de la conquista, del deseo, del entendimiento y del saber. Alzamos las velas y nos sumergimos en mares cada vez más arriesgados. Y nos dicen que eso es crecer y lo aceptamos. Seguimos buscando y gritando ¡Tierra! desde la cofa del mástil. Cambiamos una y otra vez la orientación y navegamos a través ,o con el viento en popa, de bolina, a sotavento y a barlovento. Avanzamos, retrocedemos, sufrimos y gozamos viendo como “el reloj del ahora” nos marca el verdadero rumbo y desafío. No es mañana, no es ayer, es hoy. Reconocemos el presente, lo asumimos y reconducimos nuestra frustración, porque necesitamos mantenernos a flote, mientras escribimos y timoneamos el mapa de nuestra propia historia.


Y en esa verdadera foto instantánea de nosotros mismos probablemente haya quien ponga sus dedos enturbiando su nitidez, o se empeñe en cruzarnos palos en nuestra navegación. Tengamos en cuenta que hay quienes no entienden aún que ese tipo de ambición va de la mano de la curiosidad, del crecimiento, de la búsqueda de respuestas y oportunidades, de las ganas de innovar, progresar y mejorar y no de una simple ególatra e innecesaria vanidad.


Seamos capaces de establecer el justo equilibrio entre lo que queremos ser, lo que somos y lo que hemos sido. Saber diferenciar y descartar aquello que no nos aporta un valor nos acercará más al verdadero deseo y a nuestra preciada ambición, aprendiendo a valorar y vivir intensamente aquello que tenemos y supimos traer y atraer hoy a nuestras manos. Que la inmediatez no reduzca nuestra capacidad de evolución y reflexión y nos enseñe que lo importante probablemente está demasiado cerca, rozando lo imperceptible.

¡Despertemos ambiciones, que el día ya ha comenzado!.

viernes, 1 de diciembre de 2017

El talento compartido

Me gustaría que pongamos en perspectiva el impacto que tiene en nuestra vida y en la de los demás decidir usar nuestros talentos. Ya cuando nos despertamos, el destino final de cada una de nuestras acciones, lo contemplemos o no, es la interacción con los demás. Incluso la soledad o la reclusión es una manifestación, en este caso contraria, a esa interacción social.


Los seres humanos tenemos una misión global y es la generación de felicidad y bienestar. Pero la automatización de nuestras tareas diarias nos impide ver con profundidad el verdadero foco de ese objetivo. Incluso son términos tan devastados por la inmediatez comercial que fueron perdiendo su verdadero mensaje. Pero, a pesar de ello, hacemos todo lo que hacemos para lograrlos. Unos lo intentan con caminos largos y sinuosos, otros con caminos cortos y otros con atajos pero todos intentan llegar a ellos. Y en ese intento por llegar a la meta olvidamos que una visión exclusivamente individual debilita el objetivo final. Porque el talento no se concreta con el único apoyo de nuestro “saber”, sino de ser capaces de sumar otros talentos para lograr el verdadero anhelo.

En las empresas pasa exactamente igual. El talento organizacional ya no radica en la inteligencia y el valor aportado individualmente por cada persona, sino en la capacidad que la empresa tenga para fomentar el conocimiento y el talento compartido, creando un modelo de inteligencia colaborativa real generando un beneficio común.

El conocimiento socialmente distribuido se fundamenta en el  hecho de que nadie posee todo el conocimiento necesario, sino que éste se encuentra dentro del conjunto de las personas que formamos parte de una empresa o una sociedad.


Talento es una bonita palabra que a todos nos gusta utilizar y mencionar en nuestras presentaciones o cuando hacemos observaciones deportivas. Y gestionar talento es una misión apasionante pero compleja, que requiere de una gran sentido del liderazgo y una gran visión de futuro. Porque las personas y su conocimiento son uno de los mayores activos que una organización debe cuidar, estimular y saber administrar.


Nos sorprende que en plena transformación cultural, humana y digital algunos managers siguen temiendo por su liderazgo cuando en su equipo comienza a resurgir el talento. En estos casos, el daño puede ser irreversible si no actuamos a tiempo. La alta dirección de una compañía debe asumir la responsabilidad personalmente para evitar estos cortocircuitos y fomentar espacios de conocimiento, interacción y desarrollo más cercanos a lo que demandan hoy los clientes, los trabajadores y sus familias. El líder inspirador es un explorador en busca del talento y de las habilidades que todas las personas llevamos dentro para lograr nuestra mejor versión. Y, por sobre todas las cosas, tiene la capacidad de unir esos talentos en búsqueda de los mejores resultados.


Y no se trata de perder lo maravilloso de la diferencia, o la capacidad individual de progreso, del esfuerzo por superarse día a día, dando lo mejor de sí en cada momento. Se trata de comprender que un talento que comienza y termina en uno mismo, más que talento es un simple eco. Compartir el talento es una de las mayores herramientas de humildad, escucha, integración, visión, colaboración y profesionalidad que tenemos en nuestras manos. Nadie está excluído. Todos tenemos algo que decir en la construcción de esa añorada felicidad y bienestar dentro de cualquier ámbito. En cambio, la pasividad y la apatía sólo se dan la mano con la mediocridad.


Y como dijo Ken Lui: “las circunstancias de un hombre no vienen determinadas por su talento, sino por el lugar donde pone su talento a trabajar”. Y ese talento tendrá una alta probabilidad de acierto cuando entienda que únicamente los que cooperan pueden sobrevivir, y cooperar es llegar a acuerdos. Y para lograrlos, la reciprocidad y la confianza serán claves, haciéndonos entender que el talento compartido es una de las herramientas de comunicación, productividad, evolución y éxito de mayor importancia en este siglo XXI.


Nota: mi más humilde y sentido homenaje a los Maestro del Talento Compartido, mis compatriotas Les Luthiers, que a través de los años, nos han enseñado que la colaboración nos puede llevar a inolvidables instantes de felicidad y bienestar.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 


viernes, 24 de noviembre de 2017

La mirada de los otros - Vídeo 17 - Canal Youtube RH&CC


Todos necesitamos la oportunidad de ser escuchados, de ser valorados, de ser conocidos como realmente somos. El conocimiento y la confianza son dos pilares fundamentales en las relaciones humanas.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: "LA MIRADA DE LOS OTROS"



viernes, 17 de noviembre de 2017

La gallina de los huevos de oro

¿Por qué solamente pensamos en cambiar de dirección cuando nos acercamos al precipicio? Hay algo dentro de nosotros que nos arropa de justificaciones y seguridades y nos lleva a creer y confiar que la famosa gallina de los huevos de oro, en nuestro caso, sí será eterna. El éxito empresarial es algo admirable, pero muchas veces difícil de sostener en el tiempo. “Nosotros siempre lo hemos hecho así, y tan mal no nos ha ido”, solemos escuchar con bastante frecuencia. Probablemente lo que haya reforzado a las grandes y medianas empresas que llevan muchísimos años vigentes en el mercado, ha sido justamente el no pronunciar esa frase.



Nos sucede lo mismo en nuestra vida personal, creemos que todo es para siempre. Como decía mi abuela en una frase más que sencilla pero cierta: “Diego: a las plantitas hay que mirarlas, hablarles y regarlas todos los días”. Pero por una extraña razón los seres humanos damos por hecho la eternidad de aquello que convertimos en rutina o en nuestro día a día. Y esta reflexión no cuestiona el disfrutar de lo que tenemos, de nuestros logros, de la felicidad que proporcionen o el éxito que nos brinde. Es poder ser capaces de anticiparnos y sorprender a Señora Comodidad replanteándole mejoras y cambios antes que ella nos sorprenda a nosotros. Pongamos un ejemplo: si colocamos una rana en un recipiente con agua hirviendo, saltará y huirá. Pero si lo hacemos con agua tibia y muy lentamente comienza a calentarse el agua, nuestro anfibio se irá adaptando a la temperatura y resistirá el aumento de ésta, dando como resultado su aletargamiento. ¿Resultado? La rana perderá su voluntad para abandonar el agua hirviendo y morirá. Y eso no queremos que suceda.

Los mejores equipos y deportistas de la historia una vez finalizada cada victoria, saben alegrarse por su resultado pero tienen el “gen natural del campeón” y tienen muy claro que la cima no es quietud. Y es por ello, que minutos más tarde del triunfo, con la humildad necesaria y silenciosa, observan todo aquello en lo que pueden evolucionar y progresar. Estudian a su próximo competidor y son capaces de variar su estrategia para no ser tan previsibles. Proactividad y sorpresa constante, siempre con su esencia de estandarte como fuerza motora. Eso los ha llevado a ser los más grandes y ser parte de la historia. Lo mismo con esas “grandes” empresas que hemos mencionado antes. ¿Necesitaban un espíritu de innovación constante siendo las más poderosas del mercado y de mejor facturación? Si la respuesta hubiera sido no, hoy no hablaríamos de ellas.


Son organizaciones que han entendido que el verdadero negocio no sólo está en su cuenta de resultados, sino también en comprender que el crecimiento de la misma puede beneficiarse creando un valor social, tanto de manera interna como externa, con sus colaboradores y con sus clientes. Han cambiado, han evolucionado, se han adaptado, no han permitido que el agua tibia los duerma en la comodidad, han sorprendido y se han sorprendido a ellas mismas centrando su capacidad de crecimiento en las necesidades de la sociedad a la cual pertenece y a la cual ofrecen su servicio. Y luego, el beneficio estará visible a la luz de todos: clientes y trabajadores que sienten el orgullo, pasión y el compromiso por la marca.

No es un tema de edades, de generaciones, de facturación, de tamaños, de sectores, es un tema de oportunidades, de entender que vivimos y trabajamos con y para las personas, y si las personas cambiamos, nada es lo suficientemente eterno y perfecto como para no tener la sabiduría de transformarse a tiempo, y nunca pronunciar la fatídica frase de: “¿Para qué?...Si así estamos bien”.


Innovar no es sólo un término empresarial ni tampoco es únicamente reinventar. Innovar es espíritu de cambio, cuestionamiento positivo, creatividad, asumir los errores, saber preguntar, escuchar a tiempo, tener anticipación, sana percepción, visión y no confundir estabilidad con comodidad. No es un discurso, no es un cuadro en la pared, no es una presentación Power Point. Es un estilo de vida, es una forma de ser y de actuar. Porque si nos relacionamos o trabajamos entendiendo que “nada es para siempre”, evitaremos a tiempo subirnos al barco de la falsa perpetuidad, para vivir intensamente en tierra firme el maravilloso camino del progreso, experiencias y felicidad de las personas.