viernes, 19 de mayo de 2017

La importancia de conectar - Vídeo 10 - Canal Youtube RH&CC

La historia de la humanidad es la historia de sus relaciones sociales. La disponibilidad y la conexión no solo tienen cara digital. Dentro de los 360º en los que nos movemos diariamente hay personas que esperan nuestra disponibilidad y nuestra verdadera conexión con ellas.
Y si además aprendemos a conectar con nosotros mismos antes de intentar influir sobre los demás, seremos capaces de obtener muchísimos mejores resultados, más auténticos y mucho más duraderos.

Todos buscamos encontrarnos y encontrar. Por eso, el conocimiento de los otros es conectar al conocimiento de uno mismo, y el conocimiento de uno mismo es conectar al conocimiento de los otros. Es solo a través de la conciencia de los otros que podemos alcanzar nuestra propia conciencia.


Hoy, te comparto mi décimo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "LA IMPORTANCIA DE CONECTAR":



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 12 de mayo de 2017

Los éxitos silenciosos

En un mundo estrictamente marcado por los sonidos, las imágenes y la inmediatez, ¿es posible pensar que uno de los componentes fundamentales de la influencia es el silencio? Detengámonos a observar por un instante a quiénes están a nuestro alrededor ahora mismo mientras estamos leyendo este texto. Un simple ejercicio. Sea en el ámbito que sea en el que te encuentres, cada una de las personas que te rodean (incluso aquellas que están detrás de esa pared) tienen un bajo o alto porcentaje de participación directa o indirecta en tu vida.


¿Por qué? ¡Si a muchos de ellos ni los conozco...! La construcción de nuestro universo no comienza y termina con nosotros. Ésa sería una realidad muy sesgada. En el mundo de las empresas, las familias, las relaciones sociales, comerciales, etc, la “omnicanalidad relacional” tiene un importantísimo valor en cada uno de sus eslabones. El que alguno de ellos quiebre, alterará de una u otra manera a los integrantes de esa cadena, estén cerca o lejos de esa ruptura.


Todas las personas mantenemos una constante interactividad, de manera consciente o inconsciente, con el resto de la sociedad la cual va a afectar de manera significativa a nuestro proceso evolutivo, a nuestra conducta y por ende a nuestros resultados.

Hay pequeños gigantes que son imprescindibles en nuestra vida y muchas veces no lo sabemos y tampoco nos enteramos. Aunque nuestra vista sólo llegue hasta una determinada distancia, la suma de cada una de esas personas que estás mirando en el pequeño ejercicio que te propuse antes, influye de alguna manera en el desarrollo de nuestro andar y de nuestro resultado final. Por supuesto que la chispa adecuada depende sólo de nosotros. Pero hay un marco de incidencia frontalmente directo que nos repercute en algún nivel y en el de nuestro propósito.


La interdependencia también puede hacernos independientes. De hecho, los grandes logros siempre llevaron un soporte colectivo detrás.  Es hora de comenzar a descubrir y reconocer a aquellos que en silencio aportan su especial granito de arena porque no todo es ruido en el éxito. Todo lo que hagamos o lo que no hagamos tiene una influencia directa en el devenir de los sucesos.

Entender que la vida es una espiral donde todos llegamos, tarde o temprano, al mismo punto de encuentro, probablemente nos ayude a levantar la mirada  con profunda perspectiva y organizar nuestra vida con un espíritu real colaborativo. Construir pequeñas cadenas de acciones anónimas,  podría llegar a ser uno de los mayores desafíos de esta sociedad en la que tenemos el privilegio de ser los actores principales de los grandes cambios del siglo. Y el triunfo de la misma repercutirá directamente en lo social, en lo comercial, en lo familiar y en lo empresarial.

Porque el éxito silencioso es una forma de entender la vida, un termómetro de nuestros valores, un pragmatismo de nuestros conceptos y pensamientos y una forma de ponderar la humildad escapando de los miedos, juicios y prejuicios. Además, jerarquiza el verdadero trabajo en equipo, la solidaridad y la coherencia sin necesidad de aplausos ni falsos protagonistas. Fusionando nuestra responsabilidad social con nuestra verdadera realidad de una manera clara, creíble y cristalina.


Los pequeñamente gigantes son esos héroes anónimos, que hasta sin saberlo, son los principales engranajes de millones de acciones que suceden durante las veinticuatros horas del día. Uno de esos, seguramente, muchas veces y sin saberlo has sido tú, sin proponértelo has participado en el caminar ajeno. Y otras muchas, nuestra inmovilidad o pasividad lamentablemente también han sido una de las protagonistas en ese andar.

Tenemos la gran oportunidad de construir modelos empresariales, familiares, sociales y comerciales que sientan entre sus venas la convicción de entender el mundo como alguna vez nos dijeron que sería: “globalizado”. Pero que entre todos y en lo cotidiano, le demos un nuevo giro a ese concepto y seamos capaces de estimular desde el ámbito que nos toque,  la generación de  “pequeños grandes gigantes del éxito del silencio”.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 5 de mayo de 2017

Maldita necesidad

Necesitamos tiempo, dinero, trabajo, salud, espacio, serenidad, frialdad, objetividad, necesitamos desconectar y conectar, necesitamos gustar, amar, odiar, olvidar, recordar, comentar,  callar, perdonar, reír y llorar, ser, estar, desaparecer, empezar, terminar. Necesitamos necesitar. Porque siempre hay un instante donde respiramos de esa necesidad.

Vivimos en el mundo de la necesidad constante, por obligación o por deseo. Esta necesidad nace de la privación, de una actitud sentida y no satisfecha. Y más allá de las cinco categorías de necesidades de Maslow (fisiológicas, seguridad, amor y pertenencia, estima y  auto-realización) nuestro cerebro no descansa un minuto exigiéndose “torpemente” a sí mismo como nunca antes había sucedido en la historia.

El agotamiento de la necesidad incompleta ha dado paso a la nueva enfermedad del siglo, el tan estereotipado pero real: “estrés”. Aquello que sucede, por más pequeño que sea, ocurre por una necesidad y nuestra mente no descansa hasta intentar satisfacerlo. Donde hay un espacio hay una llamada. Y si esto lo sumamos al cambio que estamos viviendo en primera persona con la transformación digital, donde todo cambia en menos de un segundo y todo está en tus manos en cuestión de dos, no hay cuerpo que resista tanta ansiedad.


Pero también la necesidad nos abre una puerta inmensa de oportunidades donde la verdadera inteligencia radica en saber aprovechar bien los momentos: saber escuchar, empatizar y ser uno mismo. Tal vez, una oportunidad esté en abandonar por un instante la efervescencia volcánica en la que nos hemos metido en nuestro día a día, regalarnos un trozo de exquisito pragmatismo y ser por una vez coherentes con nuestra esencia, valores y verdaderos anhelos. Un regalo único que nos da la necesidad y sólo es cuestión de querer enterarse.


Una de las necesidades más importantes, tal vez la más difícil de satisfacer, es la del cambio. Necesitamos cambiar, lo sabemos, pero delegamos en mañana como una rápida opción de fuga. Nos miramos al espejo, sabemos que no queremos hacer lo que vamos a hacer pero desviamos la mirada y todo continúa como hasta ayer. Y la necesidad nos grita, nos estorba, nos reprocha, nos alerta, nos invade. En nuestras manos está crear el momento indicado, la oportunidad justa y la situación que esperábamos. Nadie lo hará por nosotros. Nadie cubrirá esa necesidad. O sí, quizás demasiado tarde y el vacío será aún mayor.

Sí, es cierto, necesitamos necesitar. Pero cuando entendemos que la verdadera necesidad está en el encuentro con nosotros mismos abandonando la autenticidad camuflada y oportunista, comienza el cristal a desempeñarse y allí estamos nosotros. Y el cambio tan esquivo será una realidad. Ser uno mismo en un mundo que constantemente intenta transformarse y transformarnos en algo diferente es una de las mayores necesidades satisfechas.


Saber diferenciar lo importante de lo necesario, valorar lo que hemos hecho y lo que tenemos, sabier reconocer y reconocernos, es abandonar con mucho criterio la carrera esquizofrénica de la maldita necesidad que nos ahoga en un minúsculo vaso de agua haciéndonos creer que es un inmenso mar.

Podemos escapar de cualquier sitio, menos de nosotros mismos, por eso la auténtica "necesidad necesaria" sólo está en nuestras manos. Y para que pueda surgir lo posible, decía Hermann Hesse, es preciso intentar una y otra vez lo imposible.

viernes, 28 de abril de 2017

Tus zapatos me aprietan - Vídeo 9 - Canal Youtube RH&CC

Lo más preciado que podemos regalar a los demás es estar presente en el momento justo, mirando con los ojos del otro, escuchando con los oídos del otro y sintiendo con el corazón de otro .

No importa cuántos títulos académicos tenga una persona, si no es capaz de intuir, de percibir, de reconocer, de darse cuenta, es decir, de ponerse en el lugar del otro. Será ciertamente una persona limitada en sus capacidades emocionales e intelectuales, restringidas sólo a lo que haya aprendido en la escuela, la universidad o su ambiente social o familiar.

Plutarco dijo:"¿Dónde me aprieta el zapato?" Nadie puede saberlo sino el mismo que lo usa.

Hoy, te comparto mi noveno vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "TUS ZAPATOS ME APRIETAN".



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 21 de abril de 2017

La Gripe de los Hipócritas (El Valor de lo Auténtico)

Solemos, de manera directa o indirecta, escribir sobre la autenticidad porque nos creemos saberlo todo acerca de ella. Sin embargo, nos seguimos haciendo las mismas preguntas: ¿somos lo que realmente somos o somos encajes perfectos de nuestras circunstancias? ¿somos nuestro verdadero espejo o somos lo que decimos ser que somos?

Durante estos últimos años en los que hemos trabajado y compartido las nuevas técnicas sobre la “Adaptación al Cambio”, probablemente nunca pasó por nuestra mente, ni en nuestra vida personal ni en la profesional, fomentar un fenómeno tan «antipático», como es la Gripe de los Hipócritas. “Adaptación al Cambio” significa superación, humildad, desafío, innovación, colaboración, escucha y formación.  Pero en ningún caso significa egoísmo. Este tipo de "gripe" es un fenómeno contagioso que cuestiona nuestra capacidad de “inmunidad” y pone a prueba las verdaderas ideas, valores, coherencia y la autenticidad de nuestros pensamientos.

No estoy hablando de conceptos extraídos de libros o historias que nos han contado. Hablo de nuestro día a día, de la vida real, de esas «partículas griposas» que respiramos en nuestro ambiente más cercano, que sabemos que existen, pero que por uno u otro motivo dejamos fluir y en ciertas ocasiones hasta pueden llegar a contagiarnos.

Hablar de “Adaptación al Cambio” cuando las nuevas estrategias de una compañía requieren una actualización por nuestra parte, es un acierto. Cuando la “Adaptación al Cambio” busca una buena e intencionada versatilidad en el comportamiento y no tanto los cambios de tipo cognitivos, los sistemas de valores, expectativas o creencias, también es un acierto.

Pero cuando la “Adaptación al Cambio” requiere alejarnos de nuestra esencia con el único objetivo de sobrevivir mezquinamente, sin reglas y sin escrúpulos en el mundo en el que subsistimos, nos encontramos afectados por la Gripe de los Hipócritas. Ésta, nos convierte en  fantasmas de nosotros mismos hasta que seamos valientes, o simplemente nosotros mismos y bebamos la medicina del “Valor de lo Auténtico”.

Los cambios inesperados nos llevan a plantear seriamente la necesidad de direccionar nuestra vida porque la coherencia no empieza y termina en uno mismo sino que está relacionada con un medio, con otras personas. Por lo tanto, la solidaridad es un aspecto clave de la coherencia personal.

Adaptarnos a lo que nos lleva en dirección opuesta a la coherencia es una gran incoherencia. Porque no todo vale en la adaptación. La evolución nos ha regalado las herramientas necesarias para tomar las mejores decisiones en los momentos oportunos y no hacer de nuestra vida un “sálvese quien pueda”. En estos tiempos tan competitivos respiramos virus propagados por distintos ambientes. Pero aunque nos parezca increíble, en este mundo en el que vivimos infectado de mezquindades, los héroes de barro en algún momento se desvanecen y a la larga sólo prevalece lo auténtico.  

No es un tema que sólo nos competa a las personas en nuestros trabajos o con nuestras familias o amigos. Para las empresas, la imagen de una marca y el valor de lo auténtico tienen mucho que decir: trabajar y demostrar para que jamás su cliente sea “contagiado” por este germen al que me refiero.


Somos quienes somos. Con nuestras virtudes y nuestros defectos, con nuestros aciertos y nuestros errores, con nuestras seguridades y nuestras dudas. La distancia entre nuestro yo y la caricatura oportunista es directamente proporcional a nuestro grado de madurez, nuestro nivel de convicciones y nuestro pragmatismo de los valores universales. Porque todo niño perdona al payaso cuando se le cae una de las pelotas de los malabares pero su ilusión se desvanece al instante cuando descubre la mentira del «truco oportunista». Y precisamente son los oportunistas los que padecen esta enfermedad contagiosa y epidémica.

Para ser el fiel reflejo de nuestro espejo es vital mantener nuestras convicciones y creencias y no ser una veleta dejándose atropellar por las circunstancias temporales. Los valores se demuestran en los cambios, y si no, son sólo buenas intenciones.

Como nos recordaba duramente Ernesto Sábato: “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo ya hay que morirse”. Por ello, la vida nos regala pequeñas oportunidades para demostrar quiénes somos realmente. Depende de cada uno de nosotros hacer que ese regalo merezca la pena. Lo demás, es una bonita excusa.

La vacuna contra la Gripe de los Hipócritas está en nuestras manos. Pongámosle remedio y vivamos plenamente el “Valor de lo Auténtico”.


DIEGO LARREA BUCCHI 
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