viernes, 16 de febrero de 2018

El egótico monologuista (Escucho, pienso y luego existo) - Vídeo 20 - Canal Youtube RH&CC

Para saber hablar es preciso saber escuchar, reflexionaba Plutarco. La escucha y la pregunta si no provienen de la humildad, el aprendizaje, la inteligencia emocional o la necesidad constante de cambiar e innovar, caen en el desierto de los mediocres.

El hábito de escuchar se desarrolla preguntando y callando y preguntando y escuchando. Pero sobre todo estando presente al 100% con todos los sentidos, emociones y pensamiento, nos guste o no lo que oímos. El cómo escuchamos es el pasaporte al territorio del buen entendimiento. Alejemos a los monologuistas hipoacúsicos propios y ajenos de nuestro alrededor y hagamos una lista de conversaciones sinceras pendientes y dediquemos un tiempo para tenerlas. Dejemos de posponer y abrámonos todos los sentidos. Escucharnos y escuchar sinceramente, para ser capaces de regenerar y generar los caminos hacia el verdadero entendimiento, felicidad y éxito.

Y como decía la escritora francesa Madame de Sévigné: "Si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar".

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: "El egótico monologuista (Escucho, pienso y luego existo)"



Muchas gracias a tod@s por ver y compartir este vídeo y poder reflexionar juntos.
Muy buen fin de semana y hasta la próxima publicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 9 de febrero de 2018

Esto depende de mí (El optimismo inteligente)

Los científicos aún no han podido demostrar cómo incentivar la motivación interna. Quizá por ello muchas veces confundimos la motivación y optimismo. Dentro de esa mixtura vertiginosa de información que recibimos sobre estas temáticas, no llegamos a diferenciar exactamente una cosa de la otra. Estamos en un mundo tan recargado de “frases pinterest” que reconfortan nuestra mirada instantánea en nuestros teléfonos móviles y que no llegan a digerirse en nuestra alma, que debemos trabajar estos temas con guantes de nitrilo.

Hasta ahora conocemos cómo se pueden generar las motivaciones externas, con infinidad de estrategias cada día más innovadoras que se están utilizando por ejemplo en el mercado laboral con los colaboradores. Éstas provocan un verdadero cambio temporal en las personas y en los ambientes de trabajo, pero todos sabemos y somos conscientes que eso tiene un recorrido limitado.

Por lo tanto ¿dónde estará la clave para poder abordar estos temas con el mejor de los resultados? Primero vamos a conceptualizar para poder comprender:
  • Motivación: Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona (Fuente RAE).
  • Optimismo: Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable (Fuente RAE).
Vemos claramente que dentro del primer concepto hay dos elementos compartidos: la influencia exterior y la interior, que pueden ayudar a elevar o bajar la motivación. Dentro de cada uno de ellos aparecen las circunstancias personales y/o profesionales, en convivencia con el entorno, las expectativas, los miedos, deseos, necesidades, las frustraciones, etc.


Y por otro lado el optimismo, que ya por definición nos sitúa en un plano de auto responsabilidad, porque nos marca que tenemos una inclinación o tendencia. Y esa inclinación o tendencia dependerá exclusivamente de nosotros. Por lo tanto, es una elección que depende únicamente de mi.


Un grupo de investigadores ha descubierto que unos diez segundos antes de saber que se toma una decisión, se activan una serie de patrones en el cerebro que determinan la elección final. Vaya responsabilidad que tiene nuestro amigo el cerebro y que cantidad innumerable de oportunidades se podrían identificar y seleccionar consiguiendo una tendencia positiva sobre nuestro optimismo. Este estudio de John Dylan Haynes y su equipo es tan importante porque nos confirma que el resultado final de una decisión está directamente relacionado con la actividad cerebral mucho antes del momento en el que creemos tomar la decisión.


Por lo tanto, podríamos afirmar que la motivación depende de los otros, de nosotros y nuestras circunstancias, pero el optimismo es un ejercicio de elección, compromiso y madurez unipersonal que ayudará a esa actividad cerebral previa. En definitiva, somos un imán y atraemos lo que sentimos. No es un tema de mentalismo, es un tema de convicción. 

Quiero, deseo, puedo, lucho y  aprendo. Porque en esa permanente búsqueda por la estabilidad tenemos el beneficio de la observación, y si podemos observar podremos cambiar las conductas, y si somos valientes cambiando las conductas podremos “optimizar” el futuro de nuestras decisiones. En lugar de preocuparnos vamos a ocuparnos, porque ser optimista no es fácil, no es una postura, no es una sonrisa al pasar, no es un estado de excitación temporal, no es un eslogan “cool”. 


Se trata de una forma de elegir cómo vivir cada segundo de nuestra vida personal y profesional sin excusas, y una forma de relacionarnos y comunicarnos con los demás. Porque son nuestras propias creencias sobre lo que somos y lo que podemos las que van a determinar lo que podemos ser realmente. Creencias que amordazan al optimismo, y nos obligan a repetir conductas que terminan siempre en los mismos resultados. 


Si más del 90% de nuestro éxito está basado en la insistencia, cultivemos nuestra mente con optimismo inteligente, porque el cambio de paradigma está en nosotros. Motivemos al optimista que llevamos dentro, porque la vida es demasiado corta para verla pasar sentado en el umbral de nuestras excusas. 

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 
Linkedin: es.linkedin.com/in/diegolarrea/
Canal Youtube: https://www.youtube.com/diegolarreabucchi

viernes, 2 de febrero de 2018

Yo, el Caballero de la Armadura Oxidada

Mirarse dentro de uno mismo, no es sólo un tema que concierne a los seres humanos. También es un ejercicio que muchas empresas realizan como práctica de mejora continua, de crecimiento, evolución, etc. Y de su sincera autorreflexión y análisis depende en gran medida el éxito que tenga en su anhelada transformación cultural y tecnológica que hoy el mercado, sus clientes y sus propios trabajadores le están “exigiendo”. Si uno analiza el ranking Fortune 500, que lista desde 1955 a las compañías más importantes del planeta en términos de ventas, podremos comprender que este ejercicio no siempre resulta fácil.


Lo mismo nos sucede a las personas. No somos responsables de quienes somos, pero sí de quienes seremos. La gran diferencia con el mundo del comercio es que nosotros tenemos tantas oportunidades como queramos darnos y “la vida” nos permita. Porque siempre existe ese instante de mejora o de superación, aunque nos encontremos en la etapa más fangoso y compleja. La sabiduría de encontrar nuestra llave del cambio en nosotros mismos será la única capaz de encender el verdadero motor que llevamos dentro.

Nadie es la excusa de nadie, nadie es la roca final del precipicio de nadie, nadie es la muleta de nadie. Todos debemos aprender a estar bien con nosotros mismos y a partir de nosotros mismos, además de conocer bien cuáles son nuestras limitaciones, nuestras habilidades y nuestras áreas de mejora. Y entonces sí, ése será el momento más oportuno para comenzar a disfrutar de la verdadera complementariedad del otro.

Decía Nietszche “La prisa es un mal universal porque todo el mundo huye de sí mismo”. Y en esa huida reclamamos responsabilidad al otro. La empresa que no escucha a sus clientes y colaboradores, ni mira su competencia, entorno o necesidades del mercado, no se está mirando a sí misma. No quiere reconocerse o no quiere saber lo que está reflejando, en definitiva, no quiere comprender lo que hoy es ella de verdad. Y la excusa de su fracaso se basará muy probablemente en culpabilizar a los que ha ignorado.


Esta maniobra por delegar nuestra responsabilidad de cambio en los demás es una incoherencia suicida que nos distrae temporalmente pero nos aniquila en nuestra primera distracción. Cuando nos responsabilizamos estamos asumiendo todo aquello que nos pertenece, la propiedad de nuestros sentimientos, pensamientos, acciones y consecuencias. Ponernos las vendas en los ojos sólo retrasará la hora de nuestro imaginario reloj, aunque el tren ya se haya marchado.

Debemos valorar y agradecer a aquellas personas que de alguna u otra manera intentan sostenernos el espejo de nuestra realidad para que, algún día por fin, nos miremos en él. Porque ellas están presente en el momento y lugar indicado a pesar de nuestras negativas y “ceguera introspectiva”. Es un valor inconmensurable, que no nace del reproche sino de una auténtica relación afectiva. La misma relación que un cliente demanda de su marca, de su empresa o producto. Porque también surge de una afinidad, de un compromiso, de un vínculo que si somos capaces de entender, de desafiar a nuestra autoconciencia y generar los cambios que nosotros mismos necesitamos, estaremos ante la puerta de nuestra “gran ocasión”.

Esa autoconciencia emocional nos ayudará a darnos cuenta de la manera en la que se relacionan sentimientos, pensamientos y comportamientos pretéritos y presentes, así como su interrelación con nuestras expectativas y sobre todo las que generamos en los demás.

A veces nos comportamos como el “El Caballero de la Armadura Oxidada” de Robert Fisher, que para defender sus ideales se había construido una armadura. Y lo que le protegía de sus enemigos lo aislaba de sus seres queridos. Así, se quedó solo y atrapado en la vieja armadura comenzando un viaje hacia el único mago que podría liberarlo. Lo que nuestro Caballero no sabía era que, en realidad, estaba a punto de comenzar un viaje al fondo de sí mismo. Casi sin saberlo, como nosotros, él sería el único responsable de “encontrarse” para liberarse de su oxidada coraza y comenzar así su verdadero cambio.


DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 
Linkedin: es.linkedin.com/in/diegolarrea/
Canal Youtube: https://www.youtube.com/diegolarreabucchi

viernes, 26 de enero de 2018

La ignorancia de ignorar (Vídeo 19 - Canal Youtube RH&CC)

La raíz de muchos males contemporáneos tiene estrecha relación con esta imposibilidad o ignorancia de reconocer al otro, de saber quién es, qué necesita, por qué actúa de una u otra forma. El reconocimiento es parte del conocimiento.

Y son los miedos (en todas sus generalidades) los encargados de hacer que en nuestra cultura cada vez sea menos frecuente la relación yo-tú, y cada vez más frecuente el contacto puramente instrumental del otro, pasando a existir exclusivamente cuando es un "obstáculo" o cuando lo necesitamos.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa
LA IGNORANCIA DE IGNORAR:




No es un tema meramente emocional. En el mundo de las empresas estos factores son claves. Por ejemplo, un trabajador con empatía que se esfuerza por colocarse en la mente y el corazón del cliente, logra comprender su situación y sus necesidades de manera eficaz. Esta cultura no se compra sino que se alimenta, se crean hábitos, se construye entre todos con el valor de ejemplo, entendiendo que la alteridad es la clave del éxito en cualquiera situación.

Muchas gracias a tod@s por ver y compartir este vídeo y poder reflexionar juntos.
Muy buen fin de semana y hasta la próxima publicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 19 de enero de 2018

Hablemos de cambio, hablemos de mí

Una de las palabras que más escuchamos en distintos sectores o foros es la palabra cambio. Alejándonos un poco del ruido cotidiano nos preguntamos ¿qué es lo que realmente tenemos que cambiar? Hemos llegado, queriendo o sin querer, a un acuerdo implícito entre todos y es que todo está cambiando: la sociedad, el clima, la economía, el comercio, el trabajo, etc. A partir del momento en que las comunicaciones comenzaron a transformar nuestra vida cotidiana, empezamos a transitar caminos desconocidos hasta el momento y a incorporar ciertos hábitos impensados. En nuestro día a día se abrió una gran caja de sorpresas, retos, incertidumbres, desconocimientos y fascinaciones. Ahí, dentro de esa sudestada de acontecimientos comprendimos poco a poco que algo de nuestra vida ya no era como antes, ni como nos habían contado que sería. Y en el descubrimiento de un “nuevo escenario” comenzaron las lógicas dudas, interrogantes, miedos y un nuevo aprendizaje hasta hoy no experimentado.

Pero ¿qué es lo que realmente debe cambiar en nosotros para que seamos capaces de adaptarnos a esta transformación? ¿Debemos aceptar todo cambio sin cuestionarlo por el mero hecho de encontrarnos en plena ola de actualización? ¿El “cambiar por cambiar” es una inteligente estrategia para impulsar la siempre querida pero temida innovación o es un renegar de todo lo que nos ha traído hasta aquí?

A veces la velocidad juega roles tremendamente importantes aunque no siempre son afortunados. La evolución también es saber hacia dónde vamos y lo que queremos ser como sociedad, familia, empresa u organización con una visión compartida. Porque las cosas no cambian; cambiamos nosotros.

Y entonces ¿sabemos lo que queremos ser? ¿o estamos dejando que los impresionantes descubrimientos tecnológicos guíen nuestro camino?  “Robots capaces de ganarse la confianza de humanos” o “Los robots ya superan a los humanos en comprensión lectora” son hoy titulares de prensa que nos hacen sonreír. Pero si no orientamos el cambio hacia una verdadera evolución intelectual, cognitiva, emocional y colaborativa le estaremos “entregando” las llaves de nuestras decisiones y nuestro futuro. 


"Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender" decía Ortega y Gasset. Aunque nos digan que debemos dar el paso, adaptarnos y ser parte de la transformación, conocer y comprender hacia dónde nos estamos transformando es única y exclusivamente nuestra responsabilidad.  Descubrirnos a nosotros mismos y saber lo que queremos y necesitamos siempre ha sido y será la base elemental de todo éxito futuro. En cambio, encomendar a los demás que cambien para que yo me adapte, es la peor táctica marketiniana que podemos elegir.

Saber adaptarse a los cambios que vienen del entorno en lugar de pretender transformarlo todo, también es una opción válida e inteligente. Pero, siempre y cuando seamos nosotros los que decidimos esa adecuación propia, por necesidad o por búsqueda de mayores logros y satisfacciones. Comprender cada paso que hemos dado, estamos dando o nos falta alcanzar, será fundamental en nuestro crecimiento personal, profesional, comercial y hasta espiritual. 


La necesidad busca la oportunidad y la oportunidad al cambio. La inacción es parte del letargo y el letargo la cuna de los mediocres. La base de esta transformación no está en los grandes procesos de cambio sino dentro de cada uno de nosotros. Porque atrevernos a innovar es traspasar las fronteras que uno mismo tuvo y tiene. Es llegar donde queremos llegar para superarnos y donde nadie ha llegado. Por lo tanto los dos factores diferenciales son: entender y querer. 

“Nos deleitamos con la belleza de la mariposa pero raramente admitimos los cambios por los que ha pasado para conseguir esa belleza”, decía Maya Angelou. Sepamos disfrutar, aprender y valorar esta gran transición que tenemos la dicha de vivir. Y que la esquizofrenia colectiva de lo ordinario no nos robe la ilusión de un equilibrado futuro de verdadero bienestar y prosperidad.