viernes, 19 de enero de 2018

Hablemos de cambio, hablemos de mí

Una de las palabras que más escuchamos en distintos sectores o foros es la palabra cambio. Alejándonos un poco del ruido cotidiano nos preguntamos ¿qué es lo que realmente tenemos que cambiar? Hemos llegado, queriendo o sin querer, a un acuerdo implícito entre todos y es que todo está cambiando: la sociedad, el clima, la economía, el comercio, el trabajo, etc. A partir del momento en que las comunicaciones comenzaron a transformar nuestra vida cotidiana, empezamos a transitar caminos desconocidos hasta el momento y a incorporar ciertos hábitos impensados. En nuestro día a día se abrió una gran caja de sorpresas, retos, incertidumbres, desconocimientos y fascinaciones. Ahí, dentro de esa sudestada de acontecimientos comprendimos poco a poco que algo de nuestra vida ya no era como antes, ni como nos habían contado que sería. Y en el descubrimiento de un “nuevo escenario” comenzaron las lógicas dudas, interrogantes, miedos y un nuevo aprendizaje hasta hoy no experimentado.

Pero ¿qué es lo que realmente debe cambiar en nosotros para que seamos capaces de adaptarnos a esta transformación? ¿Debemos aceptar todo cambio sin cuestionarlo por el mero hecho de encontrarnos en plena ola de actualización? ¿El “cambiar por cambiar” es una inteligente estrategia para impulsar la siempre querida pero temida innovación o es un renegar de todo lo que nos ha traído hasta aquí?

A veces la velocidad juega roles tremendamente importantes aunque no siempre son afortunados. La evolución también es saber hacia dónde vamos y lo que queremos ser como sociedad, familia, empresa u organización con una visión compartida. Porque las cosas no cambian; cambiamos nosotros.

Y entonces ¿sabemos lo que queremos ser? ¿o estamos dejando que los impresionantes descubrimientos tecnológicos guíen nuestro camino?  “Robots capaces de ganarse la confianza de humanos” o “Los robots ya superan a los humanos en comprensión lectora” son hoy titulares de prensa que nos hacen sonreír. Pero si no orientamos el cambio hacia una verdadera evolución intelectual, cognitiva, emocional y colaborativa le estaremos “entregando” las llaves de nuestras decisiones y nuestro futuro. 

"Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender" decía Ortega y Gasset. Aunque nos digan que debemos dar el paso, adaptarnos y ser parte de la transformación, conocer y comprender hacia dónde nos estamos transformando es única y exclusivamente nuestra responsabilidad.  Descubrirnos a nosotros mismos y saber lo que queremos y necesitamos siempre ha sido y será la base elemental de todo éxito futuro. En cambio, encomendar a los demás que cambien para que yo me adapte, es la peor táctica marketiniana que podemos elegir.

Saber adaptarse a los cambios que vienen del entorno en lugar de pretender transformarlo todo, también es una opción válida e inteligente. Pero, siempre y cuando seamos nosotros los que decidimos esa adecuación propia, por necesidad o por búsqueda de mayores logros y satisfacciones. Comprender cada paso que hemos dado, estamos dando o nos falta alcanzar, será fundamental en nuestro crecimiento personal, profesional, comercial y hasta espiritual. 


La necesidad busca la oportunidad y la oportunidad al cambio. La inacción es parte del letargo y el letargo la cuna de los mediocres. La base de esta transformación no está en los grandes procesos de cambio sino dentro de cada uno de nosotros. Porque atrevernos a innovar es traspasar las fronteras que uno mismo tuvo y tiene. Es llegar donde queremos llegar para superarnos y donde nadie ha llegado. Por lo tanto los dos factores diferenciales son: entender y querer. 

“Nos deleitamos con la belleza de la mariposa pero raramente admitimos los cambios por los que ha pasado para conseguir esa belleza”, decía Maya Angelou. Sepamos disfrutar, aprender y valorar esta gran transición que tenemos la dicha de vivir. Y que la esquizofrenia colectiva de lo ordinario no nos robe la ilusión de un equilibrado futuro de verdadero bienestar y prosperidad.

viernes, 12 de enero de 2018

La desconexión que nos une

Por una razón o por otra en los cambios de años y en fechas navideñas realizamos una retrospección, a modo de resumen, de nuestra vida reciente. Necesitamos de manera inconsciente cerrar los ojos y contabilizar lo que hemos logrado o lo que hemos perdido. Aflora probablemente uno de los mejores sistemas de evaluación por objetivos aún no conocido en el mercado convencional: nuestro yo interior. Los tiempos cambian, nosotros también con ellos y en la velocidad de los acontecimientos diarios no siempre tenemos la mejor perspectiva de nuestra evolución y crecimiento. Pero probablemente por los sentimientos que nos generan esas épocas de recogimiento, llegamos a detenernos al menos algunos segundos y ver nuestra película del año a muchísima velocidad.

Entonces nos brotan esos deseos de saludar a toda nuestra agenda. Abrimos el teléfono móvil. Y entre medio de tantos mensajes recibidos impersonales y repetidos, giramos con el dedo índice esa especie de ruleta vertical tan misteriosa que nos atrapa llamada lista de WhatsApp. Nos detenemos. Subimos y bajamos. Volvemos a subir, volvemos a bajar. Y descubrimos que tenemos una gran red de contactos pero muy poco que realmente “hacen tacto”. “¿Dónde estabas entonces cuando tanto te necesite?” sonaba de fondo en la radio. Y fue entonces que nuestro corazón abrazó de manera silenciosa a toda esa gente que nos acompañó de manera real en cada paso de nuestro puente hacia la meta que nos habíamos trazado. Esas personas que en los momentos altos no fueron estruendosos y en los momentos bajos nunca se silenciaron.

Ser, estar, parecer y semejar: la autenticidad del ser humano y del mundo de los negocios. “Ser” íntegro. “Estar” en el momento y lugar indicado. No sólo serlo sino “parecerlo”. Porque esa “semejanza” nos habla de equivalencia y ésta de empatía porque algún día “el otro” puedo ser yo.


Tenemos la enorme oportunidad de vivir en la Era del Agua, en The Water Cycle, donde permanentemente nos encontramos en alguno de sus estados de transformación. Y en alguno de sus ciclos estamos hoy cada uno de nosotros. Procesos de aprendizaje y evolución a nuestra disposición. Por eso, no dejemos que la velocidad de los acontecimientos limiten nuestra capacidad de comunicación verdadera y de escucha auténtica con quien tenemos al lado. Que las redes nunca nos enreden y sean verdaderos enlaces de colaboración. No limitemos nuestra posibilidad de crear entornos cada día más humanos, donde la “sensibilidad” no sea solamente una frase de una cursi película de sábado por la tarde.


Un año maravilloso nos espera! Y estemos abajo o arriba de la rueda, recordemos que todo es circunstancial, todo cambia y la vida tiene mil vueltas. No olvidemos que el juego interminable de conectarnos y desconectarnos al verdadero y genuino éxito personal o profesional, siempre lo encontraremos a través de la alteridad del yo.

Bienvenido 2018!



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 22 de diciembre de 2017

Hola y Adiós (La comunicación inmediata)

Estamos inmersos en la gran paradoja del siglo XXI: “a mayor descubrimiento y avance en la tecnología social menor es la calidad de nuestra comunicación”. Las nuevas herramientas de relación están transformando la forma de conocernos, trabajar  y convivir los unos con los otros. Y con esta gran responsabilidad a cuestas, los sistemas digitales dan un golpe de autoridad en la mesa retándonos día a día a saber quién lleva las riendas de este vertiginoso proceso evolutivo que nos toca vivir.


Inmersos en este nuevo y apasionante mundo que nos plantean, hemos comenzado a correr una carrera alrededor de nosotros mismos, sintiendo que no llegamos nunca donde necesitamos llegar, que jamás  terminamos lo que debemos hacer. Todo está a nuestro alcance pero no lo alcanzamos. “Estoy estresado” o “no tengo tiempo”, son las dos frases que dominan las conversaciones instantáneas. Entonces, hay algo que no cuadra en la ecuación del crecimiento en esta transformación sociocultural y digital en la que estamos inmersos. Y en ese correr circular alocado, bajamos nuestra cabeza para intentar no tropezar, sabiendo que en nuestra órbita suceden cosas, situaciones y por sobre todo personas que esperan y necesitan de nosotros, de nuestra atención y tiempo.

Nos hablan y asentimos con la cabeza pero nuestra mente está en otro sitio. Antes del otro terminar de hablar o explicar superponemos nuestra idea sin escuchar el 100% de su argumento. Cuando nos cuentan algo, necesitamos imperiosamente llegar al final de la frase, necesitamos ir “al grano”, no podemos esperar ni un segundo más de detalles. Estamos invadidos por la urgencia, con la sensación de perder el autobús en cada esquina. Y es allí que el “Hola y Adiós” se transforman en la inmediatez más irrelevante donde día a día se acumulan instantes vacíos, siendo incapaces de escuchar lo que no se dice. Y como dijo Eduardo Galeano: estamos “viviendo en la cultura del envase que desprecia el contenido". Y así, entre envases vacíos, la comunicación es sorda y muda.


Hemos incorporado un órgano más a nuestro cuerpo en esta etapa de desarrollo, y es la conectividad. Da igual el formato, es parte de nosotros y sin ella no podemos vivir. Nos ayuda, nos enseña, nos simplifica, nos abre caminos, y nosotros le correspondemos con dependencia y aislamiento. Utilizamos nuestros teléfonos unas cinco horas al día por término medio. En ese tiempo –más o menos un tercio de todo el que pasamos despiertos–, los consultamos unas 85 veces. ¿Para qué? La mayoría de las veces que lo hacemos ni siquiera somos muy conscientes de ello. El “tic del siglo XXI”.


La comunicación inmediata trastabilla en el precipicio de la ignorancia y es tan importante asumir ahora mismo el liderazgo de esta transformación, porque entre todos estamos estableciendo los nuevos hábitos del futuro, de nuestro hijos y nietos. Ya la hemos conocido, convive a nuestro lado, estamos felices de su aparición en nuestra vida, pero ahora establezcamos nosotros las pautas. La buena comunicación es la competencia esencial de todo buen conocimiento y relación.

Y para que la comunicación inmediata forme parte del olvido, vale la pena recordar aquellos obstáculos a los que nos enfrentamos día a día, por ejemplo: el no escuchar; el prejuzgar, adivinar o suponer; tener actitudes negativas, la subjetividad; la superficialidad;
la rutina de vivir; el engaño o la mentira; el tipo de lenguaje; el miedo; la crítica destructiva;
el no querer escuchar las opiniones ajenas; el convencimiento que sólo existe una realidad (la nuestra, por supuesto); el modo de comunicarnos; la expresión corporal utilizada; el no empatizar; y por supuesto, la prisa o la impaciencia.

La comunicación es experiencia, es oportunidad, es unión, es fusión, es aprendizaje, es conocimiento y es el verdadero alimento que nos une y nos identifica y dignifica. No digamos “Hola y Adiós” tan rápidamente, porque hay instantes que no regresan y pequeños grandes momentos que nos pueden cambiar la vida.

Felices Fiestas a todos mis queridos amigos y lectores, y nos reencontramos en el 2018 con toda la ilusión y pasión por continuar construyendo una sociedad más próxima, más colaborativa, más humana.



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 15 de diciembre de 2017

Nadie mejor que yo - Vídeo 18 - Canal Youtube RH&CC

Debemos liderar, aunque de momento nadie nos siga. Es tiempo de hacer aquello que creemos que no va a funcionar, aunque nunca nos hayamos animado a hacerlo. Es la oportunidad de fallar y volver a intentarlo sin dar paso al conformismo. 

Es el momento de superar la mediocridad ajena dando un paso adelante. Y de olvidarnos de los que nos han olvidado porque nunca probablemente debiéramos haberlos encontrado. 

Saber lo que nos define y en lo que podemos marcar la diferencia. Dejar las excusas para el 30 de febrero. No podemos vivir esperando que vean lo grandes que somos, sino vivir intentando ser grandes, que ya lo verán. 

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: "NADIE MEJOR QUE YO":

Seremos los verdaderos campeones cuando nos levantemos una y otra vez después de cada caída. Ese será la mejor de las recompensas y el verdadero aprendizaje. Señal que lo hemos logrado.

Y como dijo Séneca: "No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba".

Muchas gracias a tod@s por ver y compartir este vídeo y poder reflexionar juntos.
Muy buen fin de semana y hasta la próxima publicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 


viernes, 8 de diciembre de 2017

El timón de la ambición

No es lo que puedes hacer con aquello que deseas, sino lo que has hecho con aquello que tienes. Vivimos permanentemente gestionando lo que vendrá y los hubiera. Una agenda personal vertiginosa, mutante, trémula, impaciente, alarmada e inestable que nos mantiene en un estado de continua gestión de la incertidumbre. En la era de la instantaneidad, la inmediatez representa un gran reto en la asimilación de los nutrientes socioculturales necesarios para una buena evolución. Pensar permanentemente en lo que pudo ser o lo que necesito ser no nos convierte en más pragmáticos, ni más innovadores o garantes de nuestra seguridad.


Hemos descubierto en esta últimas décadas como en el estudio de nuestra alimentación aparecía el diagnóstico de la “intolerancia”. Pero si medimos de la misma manera nuestro “Sistema de la Necesidad”, probablemente los resultados analíticos nos darían un elevado porcentaje de intolerancia a la espera, con llamativos ratios en aceptación y frustración. La buena noticia es que nunca encontraremos, en la receta de nuestro buen profesional de confianza, el remedio del conformismo ante estos casos. Es por ello, que la sola toma de conciencia de la existencia de un gran espacio vacío entre nuestro deseo y lo que realmente tengo, pone de manifiesto la primera aceptación de un “hoy” abandonado. El “querer” y el “quise” se transforman en arena entre los dedos cuando pensamos en lo que “quiero”. Gestionar el presente no es una bonita frase de autoayuda, es un mandamiento obligado a quitarnos el abrigo de las excusas.


La aceptación del presente y la capacidad de autogestionar la frustración nos lleva a un profundo grado de descubrimiento y madurez de nuestras oportunidades concretas de éxito. Lo que tenemos en nuestras manos de manera indirecta o directa lo hemos traído nosotros mismos a nuestras vidas, y escaparnos de ese mandato nos debilitará en las posibles buenas decisiones futuras. Aprender a saborear los buenos instantes o reconvertir los segundos eternos de frustración, son dos de los mejores remedios que nos ayudarán a reducir los elevados índices de ansiedad y a recubrir de vitaminas nuestras áreas vulnerables.

Nacemos con la buena ambición en nuestros ojos, buscando modelos de aprendizaje, espejo y desarrollo. Los padres, hermanos, maestros comienzan siendo nuestro faro en un mar vacilante de incertidumbres. Y dentro del primer barco de verbos copulativos comienzan nuestros primeros pasos por el “ser, estar, parecer y semejar”. Cada milímetro, centímetro o metro que vamos navegando aspiramos el aire del logro, de la conquista, del deseo, del entendimiento y del saber. Alzamos las velas y nos sumergimos en mares cada vez más arriesgados. Y nos dicen que eso es crecer y lo aceptamos. Seguimos buscando y gritando ¡Tierra! desde la cofa del mástil. Cambiamos una y otra vez la orientación y navegamos a través ,o con el viento en popa, de bolina, a sotavento y a barlovento. Avanzamos, retrocedemos, sufrimos y gozamos viendo como “el reloj del ahora” nos marca el verdadero rumbo y desafío. No es mañana, no es ayer, es hoy. Reconocemos el presente, lo asumimos y reconducimos nuestra frustración, porque necesitamos mantenernos a flote, mientras escribimos y timoneamos el mapa de nuestra propia historia.


Y en esa verdadera foto instantánea de nosotros mismos probablemente haya quien ponga sus dedos enturbiando su nitidez, o se empeñe en cruzarnos palos en nuestra navegación. Tengamos en cuenta que hay quienes no entienden aún que ese tipo de ambición va de la mano de la curiosidad, del crecimiento, de la búsqueda de respuestas y oportunidades, de las ganas de innovar, progresar y mejorar y no de una simple ególatra e innecesaria vanidad.


Seamos capaces de establecer el justo equilibrio entre lo que queremos ser, lo que somos y lo que hemos sido. Saber diferenciar y descartar aquello que no nos aporta un valor nos acercará más al verdadero deseo y a nuestra preciada ambición, aprendiendo a valorar y vivir intensamente aquello que tenemos y supimos traer y atraer hoy a nuestras manos. Que la inmediatez no reduzca nuestra capacidad de evolución y reflexión y nos enseñe que lo importante probablemente está demasiado cerca, rozando lo imperceptible.

¡Despertemos ambiciones, que el día ya ha comenzado!.