viernes, 26 de mayo de 2017

La APP del cambio (Ahora Pensemos en Personas)

Todos hablamos de transformación y de cambio pero, ¿nos hemos preguntado por y para qué queremos cambiar y transformarnos? Estando en el umbral de una de las mayores oportunidades de evolución de la historia ¿vamos a conformarnos con auto vendernos los mismos patrones de siempre o realmente vamos a dar el gran salto y poner a las personas como centro e importancia real de toda reflexión?

Los modelos de negocio cambian para las personas, las nuevas estrategias de atención al cliente también cambian para las personas y por supuesto la optimización de la comunicación y productividad cambia para las personas. Entonces, la transformación deja de tener solamente una bisagra digital para convertirse en un nuevo modelo humano de necesidad, convivencia, satisfacción, socialización, aprendizaje, evolución y trascendencia. Y detrás de este conjunto de demandas, la felicidad asoma como el primer y definitivo objetivo.

La clave está en trabajar un cambio donde el bienestar y la prosperidad sean el leitmotiv de todo nuestro proceso. Porque transformar sin cambiar es tan sólo maquillar. Y es que todo lo que hacemos está directamente relacionado con los demás, en primera, segunda o tercer instancia. Y si el cambio cultural comienza por facilitar al otro el camino hacia su felicidad personal o profesional, estaremos estableciendo las nuevas bases del entendimiento social y colaborativo del siglo XXI hacia adelante.

Tenemos tanto aprendido, tanto experimentado, sabemos lo que debemos y no hacer, que la gran decisión sólo espera nuestro consentimiento de acción. Tan importante como hacer, es saber qué se hace. Estamos hablando con tantos eslóganes y con tanta velocidad sobre algunos temas, que ni siquiera estamos seguros si son los que realmente necesitamos para dar el paso que sí precisamos. Los cambios nos pasan tan deprisa por las narices que no tenemos tiempo para procesarlos. Y cuando estamos dando el primer paso, la carrera parece haber terminado. Esa es la sensación que muchos tienen en esta “irreverente” transformación que nos atrapa. Y no se trata de una cuestión de herramientas informáticas.

Si continuamos haciendo exactamente lo mismo de ayer, obtendremos los mismos resultados y en un mundo frenéticamente mutante, éso no son buenas noticias. El “¿para qué cambiar si así estoy bien?” es un peligroso juego de equilibrio al borde del precipicio. Por ello, durante la transformación, todos tenemos que ayudar a comprender y  acompañar a aquellos que aún tienen hábitos arraigados del pasado producto de costumbres, culturas y enseñanzas. Sí, es verdad y no lo vamos a negar, cuando un puesto directivo está acostumbrado a gestionar y trabajar de una manera (y más si los éxitos lo han acompañado), el proceso de cambio será más difícil pero no imposible. La sabiduría que algún día lo llevó a su evolución golpeará de alguna manera su puerta haciéndole entender que esta metamorfosis también lleva su nombre. Porque hoy se trata de volver a aprender y de desaprender para aprender nuevamente. Es como vivir un Segundo Renacimiento basado en la Creatividad, Innovación, Colaboración, Generosidad y Humildad.

Pensémoslo de una manera muy sencilla: debemos añadir o quitar eslabones en la
la cadena de la felicidad.

El negocio somos nosotros, los clientes somos nosotros, nosotros somos la marca, la comunicación, los valores, los resultados, la competencia, los managers y los colaboradores. Somos la familia, somos la amistad, en definitiva, somos la esencia de nuestras relaciones. Por lo tanto, si el fin de nuestras acciones es el logro de la plena satisfacción, la verdadera APP del Cambio y Transformación de la que todos estamos hablando radica en pensar sin complejos en la personas como epicentro. Es allí, cuando veremos como muchísimos de los programas que tenemos institucionalizados en nuestras organizaciones y estrategias de múltiples departamentos comienzan a tener un vector común y una misma línea de trabajo. Entonces, la coherencia entre lo que decimos y hacemos se transforma en un activo fundamental.

No lo olvides: mañana ese mismo alguien a quien tú hagas feliz hoy, hará feliz a otro. Y así, tengas el objetivo que tengas, tu resultado operacional crecerá exponencialmente tras recibir como bumerang esa agradable brisa colectiva transformadora. El cambio está aquí. Ahora pensemos en las personas.


DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 


viernes, 19 de mayo de 2017

La importancia de conectar - Vídeo 10 - Canal Youtube RH&CC

La historia de la humanidad es la historia de sus relaciones sociales. La disponibilidad y la conexión no solo tienen cara digital. Dentro de los 360º en los que nos movemos diariamente hay personas que esperan nuestra disponibilidad y nuestra verdadera conexión con ellas.
Y si además aprendemos a conectar con nosotros mismos antes de intentar influir sobre los demás, seremos capaces de obtener muchísimos mejores resultados, más auténticos y mucho más duraderos.

Todos buscamos encontrarnos y encontrar. Por eso, el conocimiento de los otros es conectar al conocimiento de uno mismo, y el conocimiento de uno mismo es conectar al conocimiento de los otros. Es solo a través de la conciencia de los otros que podemos alcanzar nuestra propia conciencia.


Hoy, te comparto mi décimo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "LA IMPORTANCIA DE CONECTAR":



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 12 de mayo de 2017

Los éxitos silenciosos

En un mundo estrictamente marcado por los sonidos, las imágenes y la inmediatez, ¿es posible pensar que uno de los componentes fundamentales de la influencia es el silencio? Detengámonos a observar por un instante a quiénes están a nuestro alrededor ahora mismo mientras estamos leyendo este texto. Un simple ejercicio. Sea en el ámbito que sea en el que te encuentres, cada una de las personas que te rodean (incluso aquellas que están detrás de esa pared) tienen un bajo o alto porcentaje de participación directa o indirecta en tu vida.


¿Por qué? ¡Si a muchos de ellos ni los conozco...! La construcción de nuestro universo no comienza y termina con nosotros. Ésa sería una realidad muy sesgada. En el mundo de las empresas, las familias, las relaciones sociales, comerciales, etc, la “omnicanalidad relacional” tiene un importantísimo valor en cada uno de sus eslabones. El que alguno de ellos quiebre, alterará de una u otra manera a los integrantes de esa cadena, estén cerca o lejos de esa ruptura.


Todas las personas mantenemos una constante interactividad, de manera consciente o inconsciente, con el resto de la sociedad la cual va a afectar de manera significativa a nuestro proceso evolutivo, a nuestra conducta y por ende a nuestros resultados.

Hay pequeños gigantes que son imprescindibles en nuestra vida y muchas veces no lo sabemos y tampoco nos enteramos. Aunque nuestra vista sólo llegue hasta una determinada distancia, la suma de cada una de esas personas que estás mirando en el pequeño ejercicio que te propuse antes, influye de alguna manera en el desarrollo de nuestro andar y de nuestro resultado final. Por supuesto que la chispa adecuada depende sólo de nosotros. Pero hay un marco de incidencia frontalmente directo que nos repercute en algún nivel y en el de nuestro propósito.


La interdependencia también puede hacernos independientes. De hecho, los grandes logros siempre llevaron un soporte colectivo detrás.  Es hora de comenzar a descubrir y reconocer a aquellos que en silencio aportan su especial granito de arena porque no todo es ruido en el éxito. Todo lo que hagamos o lo que no hagamos tiene una influencia directa en el devenir de los sucesos.

Entender que la vida es una espiral donde todos llegamos, tarde o temprano, al mismo punto de encuentro, probablemente nos ayude a levantar la mirada  con profunda perspectiva y organizar nuestra vida con un espíritu real colaborativo. Construir pequeñas cadenas de acciones anónimas,  podría llegar a ser uno de los mayores desafíos de esta sociedad en la que tenemos el privilegio de ser los actores principales de los grandes cambios del siglo. Y el triunfo de la misma repercutirá directamente en lo social, en lo comercial, en lo familiar y en lo empresarial.

Porque el éxito silencioso es una forma de entender la vida, un termómetro de nuestros valores, un pragmatismo de nuestros conceptos y pensamientos y una forma de ponderar la humildad escapando de los miedos, juicios y prejuicios. Además, jerarquiza el verdadero trabajo en equipo, la solidaridad y la coherencia sin necesidad de aplausos ni falsos protagonistas. Fusionando nuestra responsabilidad social con nuestra verdadera realidad de una manera clara, creíble y cristalina.


Los pequeñamente gigantes son esos héroes anónimos, que hasta sin saberlo, son los principales engranajes de millones de acciones que suceden durante las veinticuatros horas del día. Uno de esos, seguramente, muchas veces y sin saberlo has sido tú, sin proponértelo has participado en el caminar ajeno. Y otras muchas, nuestra inmovilidad o pasividad lamentablemente también han sido una de las protagonistas en ese andar.

Tenemos la gran oportunidad de construir modelos empresariales, familiares, sociales y comerciales que sientan entre sus venas la convicción de entender el mundo como alguna vez nos dijeron que sería: “globalizado”. Pero que entre todos y en lo cotidiano, le demos un nuevo giro a ese concepto y seamos capaces de estimular desde el ámbito que nos toque,  la generación de  “pequeños grandes gigantes del éxito del silencio”.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 5 de mayo de 2017

Maldita necesidad

Necesitamos tiempo, dinero, trabajo, salud, espacio, serenidad, frialdad, objetividad, necesitamos desconectar y conectar, necesitamos gustar, amar, odiar, olvidar, recordar, comentar,  callar, perdonar, reír y llorar, ser, estar, desaparecer, empezar, terminar. Necesitamos necesitar. Porque siempre hay un instante donde respiramos de esa necesidad.

Vivimos en el mundo de la necesidad constante, por obligación o por deseo. Esta necesidad nace de la privación, de una actitud sentida y no satisfecha. Y más allá de las cinco categorías de necesidades de Maslow (fisiológicas, seguridad, amor y pertenencia, estima y  auto-realización) nuestro cerebro no descansa un minuto exigiéndose “torpemente” a sí mismo como nunca antes había sucedido en la historia.

El agotamiento de la necesidad incompleta ha dado paso a la nueva enfermedad del siglo, el tan estereotipado pero real: “estrés”. Aquello que sucede, por más pequeño que sea, ocurre por una necesidad y nuestra mente no descansa hasta intentar satisfacerlo. Donde hay un espacio hay una llamada. Y si esto lo sumamos al cambio que estamos viviendo en primera persona con la transformación digital, donde todo cambia en menos de un segundo y todo está en tus manos en cuestión de dos, no hay cuerpo que resista tanta ansiedad.


Pero también la necesidad nos abre una puerta inmensa de oportunidades donde la verdadera inteligencia radica en saber aprovechar bien los momentos: saber escuchar, empatizar y ser uno mismo. Tal vez, una oportunidad esté en abandonar por un instante la efervescencia volcánica en la que nos hemos metido en nuestro día a día, regalarnos un trozo de exquisito pragmatismo y ser por una vez coherentes con nuestra esencia, valores y verdaderos anhelos. Un regalo único que nos da la necesidad y sólo es cuestión de querer enterarse.


Una de las necesidades más importantes, tal vez la más difícil de satisfacer, es la del cambio. Necesitamos cambiar, lo sabemos, pero delegamos en mañana como una rápida opción de fuga. Nos miramos al espejo, sabemos que no queremos hacer lo que vamos a hacer pero desviamos la mirada y todo continúa como hasta ayer. Y la necesidad nos grita, nos estorba, nos reprocha, nos alerta, nos invade. En nuestras manos está crear el momento indicado, la oportunidad justa y la situación que esperábamos. Nadie lo hará por nosotros. Nadie cubrirá esa necesidad. O sí, quizás demasiado tarde y el vacío será aún mayor.

Sí, es cierto, necesitamos necesitar. Pero cuando entendemos que la verdadera necesidad está en el encuentro con nosotros mismos abandonando la autenticidad camuflada y oportunista, comienza el cristal a desempeñarse y allí estamos nosotros. Y el cambio tan esquivo será una realidad. Ser uno mismo en un mundo que constantemente intenta transformarse y transformarnos en algo diferente es una de las mayores necesidades satisfechas.


Saber diferenciar lo importante de lo necesario, valorar lo que hemos hecho y lo que tenemos, sabier reconocer y reconocernos, es abandonar con mucho criterio la carrera esquizofrénica de la maldita necesidad que nos ahoga en un minúsculo vaso de agua haciéndonos creer que es un inmenso mar.

Podemos escapar de cualquier sitio, menos de nosotros mismos, por eso la auténtica "necesidad necesaria" sólo está en nuestras manos. Y para que pueda surgir lo posible, decía Hermann Hesse, es preciso intentar una y otra vez lo imposible.

viernes, 28 de abril de 2017

Tus zapatos me aprietan - Vídeo 9 - Canal Youtube RH&CC

Lo más preciado que podemos regalar a los demás es estar presente en el momento justo, mirando con los ojos del otro, escuchando con los oídos del otro y sintiendo con el corazón de otro .

No importa cuántos títulos académicos tenga una persona, si no es capaz de intuir, de percibir, de reconocer, de darse cuenta, es decir, de ponerse en el lugar del otro. Será ciertamente una persona limitada en sus capacidades emocionales e intelectuales, restringidas sólo a lo que haya aprendido en la escuela, la universidad o su ambiente social o familiar.

Plutarco dijo:"¿Dónde me aprieta el zapato?" Nadie puede saberlo sino el mismo que lo usa.

Hoy, te comparto mi noveno vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "TUS ZAPATOS ME APRIETAN".



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 21 de abril de 2017

La Gripe de los Hipócritas (El Valor de lo Auténtico)

Solemos, de manera directa o indirecta, escribir sobre la autenticidad porque nos creemos saberlo todo acerca de ella. Sin embargo, nos seguimos haciendo las mismas preguntas: ¿somos lo que realmente somos o somos encajes perfectos de nuestras circunstancias? ¿somos nuestro verdadero espejo o somos lo que decimos ser que somos?

Durante estos últimos años en los que hemos trabajado y compartido las nuevas técnicas sobre la “Adaptación al Cambio”, probablemente nunca pasó por nuestra mente, ni en nuestra vida personal ni en la profesional, fomentar un fenómeno tan «antipático», como es la Gripe de los Hipócritas. “Adaptación al Cambio” significa superación, humildad, desafío, innovación, colaboración, escucha y formación.  Pero en ningún caso significa egoísmo. Este tipo de "gripe" es un fenómeno contagioso que cuestiona nuestra capacidad de “inmunidad” y pone a prueba las verdaderas ideas, valores, coherencia y la autenticidad de nuestros pensamientos.

No estoy hablando de conceptos extraídos de libros o historias que nos han contado. Hablo de nuestro día a día, de la vida real, de esas «partículas griposas» que respiramos en nuestro ambiente más cercano, que sabemos que existen, pero que por uno u otro motivo dejamos fluir y en ciertas ocasiones hasta pueden llegar a contagiarnos.

Hablar de “Adaptación al Cambio” cuando las nuevas estrategias de una compañía requieren una actualización por nuestra parte, es un acierto. Cuando la “Adaptación al Cambio” busca una buena e intencionada versatilidad en el comportamiento y no tanto los cambios de tipo cognitivos, los sistemas de valores, expectativas o creencias, también es un acierto.

Pero cuando la “Adaptación al Cambio” requiere alejarnos de nuestra esencia con el único objetivo de sobrevivir mezquinamente, sin reglas y sin escrúpulos en el mundo en el que subsistimos, nos encontramos afectados por la Gripe de los Hipócritas. Ésta, nos convierte en  fantasmas de nosotros mismos hasta que seamos valientes, o simplemente nosotros mismos y bebamos la medicina del “Valor de lo Auténtico”.

Los cambios inesperados nos llevan a plantear seriamente la necesidad de direccionar nuestra vida porque la coherencia no empieza y termina en uno mismo sino que está relacionada con un medio, con otras personas. Por lo tanto, la solidaridad es un aspecto clave de la coherencia personal.

Adaptarnos a lo que nos lleva en dirección opuesta a la coherencia es una gran incoherencia. Porque no todo vale en la adaptación. La evolución nos ha regalado las herramientas necesarias para tomar las mejores decisiones en los momentos oportunos y no hacer de nuestra vida un “sálvese quien pueda”. En estos tiempos tan competitivos respiramos virus propagados por distintos ambientes. Pero aunque nos parezca increíble, en este mundo en el que vivimos infectado de mezquindades, los héroes de barro en algún momento se desvanecen y a la larga sólo prevalece lo auténtico.  

No es un tema que sólo nos competa a las personas en nuestros trabajos o con nuestras familias o amigos. Para las empresas, la imagen de una marca y el valor de lo auténtico tienen mucho que decir: trabajar y demostrar para que jamás su cliente sea “contagiado” por este germen al que me refiero.


Somos quienes somos. Con nuestras virtudes y nuestros defectos, con nuestros aciertos y nuestros errores, con nuestras seguridades y nuestras dudas. La distancia entre nuestro yo y la caricatura oportunista es directamente proporcional a nuestro grado de madurez, nuestro nivel de convicciones y nuestro pragmatismo de los valores universales. Porque todo niño perdona al payaso cuando se le cae una de las pelotas de los malabares pero su ilusión se desvanece al instante cuando descubre la mentira del «truco oportunista». Y precisamente son los oportunistas los que padecen esta enfermedad contagiosa y epidémica.

Para ser el fiel reflejo de nuestro espejo es vital mantener nuestras convicciones y creencias y no ser una veleta dejándose atropellar por las circunstancias temporales. Los valores se demuestran en los cambios, y si no, son sólo buenas intenciones.

Como nos recordaba duramente Ernesto Sábato: “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo ya hay que morirse”. Por ello, la vida nos regala pequeñas oportunidades para demostrar quiénes somos realmente. Depende de cada uno de nosotros hacer que ese regalo merezca la pena. Lo demás, es una bonita excusa.

La vacuna contra la Gripe de los Hipócritas está en nuestras manos. Pongámosle remedio y vivamos plenamente el “Valor de lo Auténtico”.


DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 
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viernes, 7 de abril de 2017

"El Talento del Silencio" - Vídeo 8 - Canal Youtube RH&CC

Dijo Pitágoras: "Escucha, serás sabio; el comienzo de la sabiduría es el silencio".

Porque el silencio es inteligencia pero también es ignorancia, el silencio es espacio pero también es abandono, el silencio es respeto pero también es desprecio.

El talento que no siempre valoramos, porque no siempre lo escuchamos es el "talento del silencio".


Hoy, te comparto mi octavo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "EL TALENTO DEL SILENCIO"



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 31 de marzo de 2017

Todos viajamos en el Titanic

Todos viajamos en el Titanic alguna vez en nuestra vida. Lo hacemos convencidos que navegamos en el mejor de los barcos y que nunca nos sucederá nada. Los que estamos a bordo somos únicos y exclusivos, nadie siente ni entiende las cosas como nosotros. Somos indestructibles. Nos retroalimentamos con nuestras convicciones y vivencias. Pero de repente el barco choca y se hunde. Y tras el duro golpe, todo cambia. Nuestra pareja de baile se escapa quién sabe dónde. Sentimos la miserable sensación de salvarnos sin mirar atrás. El miedo paraliza nuestras piernas y reconocemos que no estamos preparados y no sabemos nadar. Sin embargo, el último de los músicos sigue en su sitio intentando dar su acorde afinado a pesar de todo. Hasta el Capitán hace uso de su liderazgo, en soledad, hasta el último momento. Y son muchos los que se alejan en su barca sin decirnos nada al grito de “sálvese quien pueda”. Es allí, en la debacle de nuestra soberbia ingenuidad donde la oportunidad nos regala un trozo de su esencia y nos invita a subir a un pequeño bote salvavidas junto a los que siempre hemos ignorado.

Todos viajamos en el Titanic alguna vez en nuestra vida. En la proa del barco, hinchados de oxitocina, gritamos nuestras alegrías, éxitos, enamoramientos, pequeñas y grandes glorias, pasiones, logros, etc. Y esta sustancia nos eleva tanto que muchas veces nos ciega y nos hace subir a la nube de la hormona del apego alejándonos de la realidad, objetividad, y hasta algunas veces dándole la espalda a aquellos valores o creencias que no supimos defender. Nos sentíamos tan únicos mirando la grandeza de nuestro ombligo que todos los caminos conducían a nosotros y nada nos podía suceder, hasta que sucedió.


Todos viajamos en el Titanic alguna vez en nuestra vida. Y sin embargo repetimos conductas a pesar de haber sido sorprendidos por el témpano. Entrenados para el éxito sin la valoración del fracaso, nos hemos convertido en pequeños bucles de nosotros mismos. La falta de reconocimiento del error, el miedo a que nos marginen y rompan nuestra aparente armonía general y que nuestras victorias queden en el olvidado fango, nos pueden convertir en marineros de lo absurdo levantando velas de hipocresía general. Y ésto sólo impulsará a los que de momento no se han hundido mientras el inesperado iceberg culmina su inevitable faena.


Todos viajamos en el Titanic alguna vez en nuestra vida. Algunos lo saben y otros no. Independientemente de ello, un barco es un trasunto de las personas que están abordo; refleja el interior de cada uno de sus tripulantes. Y para que exista un clima real de confianza, primero cada uno debe confiar antes en sí mismo. En un ambiente de inseguros, la confianza está en riesgo. El que desconfía de sí mismo está a dos pasos del precipicio relacional y a tres centímetros de la frustración. La escucha sincera y permanente, la humildad, el aislamiento de la bufonería y la vivencia de los valores facilitan el camino de la colaboración y crean los mecanismos de defensa individuales y colectivos capaces de resistir y anticipar cualquier embestida.

Todos viajamos en el Titanic alguna vez en nuestra vida y por ello sabemos que conocer es conocerse. Alcemos las velas de la integridad y de nuestros principios. No olvidemos, no prejuzguemos, no aislemos, porque el viaje de la vida es tan largo que acaba en un instante. El viento en plena mar no avisa de su giro inesperado y como un bumerang irrespetuoso del olvido se encargará una vez más de recordárnoslo. 

Y para grabar en la madera de nuestro timón la reflexión de Jean-Paul Sartre: “Sólo nos convertimos en lo que somos a partir del rechazo total y profundo de aquello que los otros han hecho de nosotros”.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 
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viernes, 24 de marzo de 2017

La credibilidad (El final de los principios)


“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros” decía el inolvidable Groucho Marx. 
La base de toda relación personal, profesional o comercial se basa en la mutua credibilidad. Y donde existe la credibilidad nace la confianza y la cooperación. La credibilidad no es casual, se construye y se fundamenta en las decisiones diarias envueltas de coherencia y transparencia. Incluso hasta las bases del mercado y la economía tienen en ella su epicentro.

Es un valor que no viene de forma automática con el rol que ocupamos en nuestra familia o en nuestro puesto de trabajo o con el cargo que desarrollamos. Se consigue cuando la concomitancia entre palabras y comportamiento es una realidad irrefutable. La credibilidad lleva su tiempo, pero cuando se consigue provoca una energía extraordinaria alrededor de la persona o de la marca.

La credibilidad también es el cimiento del liderazgo. Quien aspira a influir en los demás, a convencer a la gente para seguir un rumbo o un proyecto, a alcanzar una meta en común, debe ser confiable y por lo tanto creíble. Primero debemos construir nuestra credibilidad como líderes y luego las personas seguirán nuestra visión, no al revés. Y si a eso le sumamos la capacidad por contrastar la información, escuchar con humildad y empatía, no prejuzgar y evitar el juego del camaleón, los niveles de colaboración y confianza impulsarán con éxito nuestros propósitos.

La credibilidad camina de la mano de la vulnerabilidad. Debemos ser conscientes que en cuestión de segundos podemos perderla o que alguien nos la arrebate. Porque allí comienza el final de los principios. Es tan frágil que con “una caricia” se engrandece y con una mentira se destruye. Podemos perder lo que más queremos o que nos hagan perder aquello que anhelamos.

Vivimos en un mundo más rápido que congruente, más cambiante que mancomunado y donde el segundo que acaba de pasar en nuestro reloj es historia antológica. Hay una necesidad tiránica de superación vertiginosa de las etapas, sean las que sean y en el ámbito en que se produzcan. Una mochila de experiencias o acontecimientos no siempre bien digeridos y que inexplicablemente hacen doler nuestro aparato digestivo sin entender bien porqué.

En la era de las transformaciones y los cambios, aún nos queda por erradicar los viejos malos hábitos de los “francotiradores de la reputación” que prefieren mirar el tropiezo ajeno y no trabajar duramente en sus propias inseguridades o incompetencias. 

Abrimos nuestros ojos a la vida buscando un porqué, una explicación. Sentimos vacío, miedos y angustias. Y los brazos de una madre nos dan una respuesta casi inmediata, generando tranquilidad, relajando nuestras emociones, palpitaciones y respiración. Despertando en definitiva un círculo de confianza. 

Dentro de ese círculo crecemos y aprendemos. Buscamos también las manos de nuestro padre que nos enseñe a andar, a subir en una bici y no caernos, a dormirnos sabiendo que allí está, que pase lo que pase, él está.  

Buscamos y necesitamos la confianza desde los primeros días. No sabemos generarla, simplemente la reclamamos, la necesitamos y lloramos desconsoladamente sin ella. Lo hacemos desde niños pero también lloramos de adultos cuando recordamos esos días con nostalgia. Es en esa confianza donde construimos poco a poco la credibilidad en nuestros referentes. 

Y porque hemos crecido bajo esa confianza, credibilidad y coherencia de una manera noble y primaria, se alteran nuestras emociones y frustraciones cuando se vulneran. Y a su vez, despiertan nuestros deseos de relacionarnos, compartir, crecer, colaborar y de aprender cuando experimentamos esos brazos de credibilidad abriendo nuestros caminos.

Si quieres que te crean haz que te quieran por lo que crees porque la diferencia entre ser y parecer se llama credibilidad.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 
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viernes, 17 de marzo de 2017

"La desilusión de la hormiga" - Vídeo 7 - Canal Youtube RH&CC:

Todos tenemos talento, lo importante es lo que hacemos con él y muchas veces lo que "nos dejan" hacer o el espacio que generamos para aplicarlo a pesar de todo. Lo importante es saber que si siempre hacemos lo mismo, nunca conoceremos realmente nuestro potencial. 

No dejemos que el talento se apague, confiemos en las personas y en su fuerza interior, acompañemos los procesos de evolución y desarrollo, aunque tengamos dudas del resultado final. Porque es en esa confianza y en esa oportunidad donde garantizamos el mejor de los aprendizajes.

Te comparto mi séptimo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "LA DESILUSIÓN DE LA HORMIGA"



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego