viernes, 21 de abril de 2017

La Gripe de los Hipócritas (El Valor de lo Auténtico)

Solemos, de manera directa o indirecta, escribir sobre la autenticidad porque nos creemos saberlo todo acerca de ella. Sin embargo, nos seguimos haciendo las mismas preguntas: ¿somos lo que realmente somos o somos encajes perfectos de nuestras circunstancias? ¿somos nuestro verdadero espejo o somos lo que decimos ser que somos?

Durante estos últimos años en los que hemos trabajado y compartido las nuevas técnicas sobre la “Adaptación al Cambio”, probablemente nunca pasó por nuestra mente, ni en nuestra vida personal ni en la profesional, fomentar un fenómeno tan «antipático», como es la Gripe de los Hipócritas. “Adaptación al Cambio” significa superación, humildad, desafío, innovación, colaboración, escucha y formación.  Pero en ningún caso significa egoísmo. Este tipo de "gripe" es un fenómeno contagioso que cuestiona nuestra capacidad de “inmunidad” y pone a prueba las verdaderas ideas, valores, coherencia y la autenticidad de nuestros pensamientos.

No estoy hablando de conceptos extraídos de libros o historias que nos han contado. Hablo de nuestro día a día, de la vida real, de esas «partículas griposas» que respiramos en nuestro ambiente más cercano, que sabemos que existen, pero que por uno u otro motivo dejamos fluir y en ciertas ocasiones hasta pueden llegar a contagiarnos.

Hablar de “Adaptación al Cambio” cuando las nuevas estrategias de una compañía requieren una actualización por nuestra parte, es un acierto. Cuando la “Adaptación al Cambio” busca una buena e intencionada versatilidad en el comportamiento y no tanto los cambios de tipo cognitivos, los sistemas de valores, expectativas o creencias, también es un acierto.

Pero cuando la “Adaptación al Cambio” requiere alejarnos de nuestra esencia con el único objetivo de sobrevivir mezquinamente, sin reglas y sin escrúpulos en el mundo en el que subsistimos, nos encontramos afectados por la Gripe de los Hipócritas. Ésta, nos convierte en  fantasmas de nosotros mismos hasta que seamos valientes, o simplemente nosotros mismos y bebamos la medicina del “Valor de lo Auténtico”.

Los cambios inesperados nos llevan a plantear seriamente la necesidad de direccionar nuestra vida porque la coherencia no empieza y termina en uno mismo sino que está relacionada con un medio, con otras personas. Por lo tanto, la solidaridad es un aspecto clave de la coherencia personal.

Adaptarnos a lo que nos lleva en dirección opuesta a la coherencia es una gran incoherencia. Porque no todo vale en la adaptación. La evolución nos ha regalado las herramientas necesarias para tomar las mejores decisiones en los momentos oportunos y no hacer de nuestra vida un “sálvese quien pueda”. En estos tiempos tan competitivos respiramos virus propagados por distintos ambientes. Pero aunque nos parezca increíble, en este mundo en el que vivimos infectado de mezquindades, los héroes de barro en algún momento se desvanecen y a la larga sólo prevalece lo auténtico.  

No es un tema que sólo nos competa a las personas en nuestros trabajos o con nuestras familias o amigos. Para las empresas, la imagen de una marca y el valor de lo auténtico tienen mucho que decir: trabajar y demostrar para que jamás su cliente sea “contagiado” por este germen al que me refiero.


Somos quienes somos. Con nuestras virtudes y nuestros defectos, con nuestros aciertos y nuestros errores, con nuestras seguridades y nuestras dudas. La distancia entre nuestro yo y la caricatura oportunista es directamente proporcional a nuestro grado de madurez, nuestro nivel de convicciones y nuestro pragmatismo de los valores universales. Porque todo niño perdona al payaso cuando se le cae una de las pelotas de los malabares pero su ilusión se desvanece al instante cuando descubre la mentira del «truco oportunista». Y precisamente son los oportunistas los que padecen esta enfermedad contagiosa y epidémica.

Para ser el fiel reflejo de nuestro espejo es vital mantener nuestras convicciones y creencias y no ser una veleta dejándose atropellar por las circunstancias temporales. Los valores se demuestran en los cambios, y si no, son sólo buenas intenciones.

Como nos recordaba duramente Ernesto Sábato: “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo ya hay que morirse”. Por ello, la vida nos regala pequeñas oportunidades para demostrar quiénes somos realmente. Depende de cada uno de nosotros hacer que ese regalo merezca la pena. Lo demás, es una bonita excusa.

La vacuna contra la Gripe de los Hipócritas está en nuestras manos. Pongámosle remedio y vivamos plenamente el “Valor de lo Auténtico”.


DIEGO LARREA BUCCHI 
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