viernes, 26 de mayo de 2017

La APP del cambio (Ahora Pensemos en Personas)

Todos hablamos de transformación y de cambio pero, ¿nos hemos preguntado por y para qué queremos cambiar y transformarnos? Estando en el umbral de una de las mayores oportunidades de evolución de la historia ¿vamos a conformarnos con auto vendernos los mismos patrones de siempre o realmente vamos a dar el gran salto y poner a las personas como centro e importancia real de toda reflexión?

Los modelos de negocio cambian para las personas, las nuevas estrategias de atención al cliente también cambian para las personas y por supuesto la optimización de la comunicación y productividad cambia para las personas. Entonces, la transformación deja de tener solamente una bisagra digital para convertirse en un nuevo modelo humano de necesidad, convivencia, satisfacción, socialización, aprendizaje, evolución y trascendencia. Y detrás de este conjunto de demandas, la felicidad asoma como el primer y definitivo objetivo.

La clave está en trabajar un cambio donde el bienestar y la prosperidad sean el leitmotiv de todo nuestro proceso. Porque transformar sin cambiar es tan sólo maquillar. Y es que todo lo que hacemos está directamente relacionado con los demás, en primera, segunda o tercer instancia. Y si el cambio cultural comienza por facilitar al otro el camino hacia su felicidad personal o profesional, estaremos estableciendo las nuevas bases del entendimiento social y colaborativo del siglo XXI hacia adelante.

Tenemos tanto aprendido, tanto experimentado, sabemos lo que debemos y no hacer, que la gran decisión sólo espera nuestro consentimiento de acción. Tan importante como hacer, es saber qué se hace. Estamos hablando con tantos eslóganes y con tanta velocidad sobre algunos temas, que ni siquiera estamos seguros si son los que realmente necesitamos para dar el paso que sí precisamos. Los cambios nos pasan tan deprisa por las narices que no tenemos tiempo para procesarlos. Y cuando estamos dando el primer paso, la carrera parece haber terminado. Esa es la sensación que muchos tienen en esta “irreverente” transformación que nos atrapa. Y no se trata de una cuestión de herramientas informáticas.

Si continuamos haciendo exactamente lo mismo de ayer, obtendremos los mismos resultados y en un mundo frenéticamente mutante, éso no son buenas noticias. El “¿para qué cambiar si así estoy bien?” es un peligroso juego de equilibrio al borde del precipicio. Por ello, durante la transformación, todos tenemos que ayudar a comprender y  acompañar a aquellos que aún tienen hábitos arraigados del pasado producto de costumbres, culturas y enseñanzas. Sí, es verdad y no lo vamos a negar, cuando un puesto directivo está acostumbrado a gestionar y trabajar de una manera (y más si los éxitos lo han acompañado), el proceso de cambio será más difícil pero no imposible. La sabiduría que algún día lo llevó a su evolución golpeará de alguna manera su puerta haciéndole entender que esta metamorfosis también lleva su nombre. Porque hoy se trata de volver a aprender y de desaprender para aprender nuevamente. Es como vivir un Segundo Renacimiento basado en la Creatividad, Innovación, Colaboración, Generosidad y Humildad.

Pensémoslo de una manera muy sencilla: debemos añadir o quitar eslabones en la
la cadena de la felicidad.

El negocio somos nosotros, los clientes somos nosotros, nosotros somos la marca, la comunicación, los valores, los resultados, la competencia, los managers y los colaboradores. Somos la familia, somos la amistad, en definitiva, somos la esencia de nuestras relaciones. Por lo tanto, si el fin de nuestras acciones es el logro de la plena satisfacción, la verdadera APP del Cambio y Transformación de la que todos estamos hablando radica en pensar sin complejos en la personas como epicentro. Es allí, cuando veremos como muchísimos de los programas que tenemos institucionalizados en nuestras organizaciones y estrategias de múltiples departamentos comienzan a tener un vector común y una misma línea de trabajo. Entonces, la coherencia entre lo que decimos y hacemos se transforma en un activo fundamental.

No lo olvides: mañana ese mismo alguien a quien tú hagas feliz hoy, hará feliz a otro. Y así, tengas el objetivo que tengas, tu resultado operacional crecerá exponencialmente tras recibir como bumerang esa agradable brisa colectiva transformadora. El cambio está aquí. Ahora pensemos en las personas.


DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 


viernes, 19 de mayo de 2017

La importancia de conectar - Vídeo 10 - Canal Youtube RH&CC

La historia de la humanidad es la historia de sus relaciones sociales. La disponibilidad y la conexión no solo tienen cara digital. Dentro de los 360º en los que nos movemos diariamente hay personas que esperan nuestra disponibilidad y nuestra verdadera conexión con ellas.
Y si además aprendemos a conectar con nosotros mismos antes de intentar influir sobre los demás, seremos capaces de obtener muchísimos mejores resultados, más auténticos y mucho más duraderos.

Todos buscamos encontrarnos y encontrar. Por eso, el conocimiento de los otros es conectar al conocimiento de uno mismo, y el conocimiento de uno mismo es conectar al conocimiento de los otros. Es solo a través de la conciencia de los otros que podemos alcanzar nuestra propia conciencia.


Hoy, te comparto mi décimo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "LA IMPORTANCIA DE CONECTAR":



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 12 de mayo de 2017

Los éxitos silenciosos

En un mundo estrictamente marcado por los sonidos, las imágenes y la inmediatez, ¿es posible pensar que uno de los componentes fundamentales de la influencia es el silencio? Detengámonos a observar por un instante a quiénes están a nuestro alrededor ahora mismo mientras estamos leyendo este texto. Un simple ejercicio. Sea en el ámbito que sea en el que te encuentres, cada una de las personas que te rodean (incluso aquellas que están detrás de esa pared) tienen un bajo o alto porcentaje de participación directa o indirecta en tu vida.


¿Por qué? ¡Si a muchos de ellos ni los conozco...! La construcción de nuestro universo no comienza y termina con nosotros. Ésa sería una realidad muy sesgada. En el mundo de las empresas, las familias, las relaciones sociales, comerciales, etc, la “omnicanalidad relacional” tiene un importantísimo valor en cada uno de sus eslabones. El que alguno de ellos quiebre, alterará de una u otra manera a los integrantes de esa cadena, estén cerca o lejos de esa ruptura.


Todas las personas mantenemos una constante interactividad, de manera consciente o inconsciente, con el resto de la sociedad la cual va a afectar de manera significativa a nuestro proceso evolutivo, a nuestra conducta y por ende a nuestros resultados.

Hay pequeños gigantes que son imprescindibles en nuestra vida y muchas veces no lo sabemos y tampoco nos enteramos. Aunque nuestra vista sólo llegue hasta una determinada distancia, la suma de cada una de esas personas que estás mirando en el pequeño ejercicio que te propuse antes, influye de alguna manera en el desarrollo de nuestro andar y de nuestro resultado final. Por supuesto que la chispa adecuada depende sólo de nosotros. Pero hay un marco de incidencia frontalmente directo que nos repercute en algún nivel y en el de nuestro propósito.


La interdependencia también puede hacernos independientes. De hecho, los grandes logros siempre llevaron un soporte colectivo detrás.  Es hora de comenzar a descubrir y reconocer a aquellos que en silencio aportan su especial granito de arena porque no todo es ruido en el éxito. Todo lo que hagamos o lo que no hagamos tiene una influencia directa en el devenir de los sucesos.

Entender que la vida es una espiral donde todos llegamos, tarde o temprano, al mismo punto de encuentro, probablemente nos ayude a levantar la mirada  con profunda perspectiva y organizar nuestra vida con un espíritu real colaborativo. Construir pequeñas cadenas de acciones anónimas,  podría llegar a ser uno de los mayores desafíos de esta sociedad en la que tenemos el privilegio de ser los actores principales de los grandes cambios del siglo. Y el triunfo de la misma repercutirá directamente en lo social, en lo comercial, en lo familiar y en lo empresarial.

Porque el éxito silencioso es una forma de entender la vida, un termómetro de nuestros valores, un pragmatismo de nuestros conceptos y pensamientos y una forma de ponderar la humildad escapando de los miedos, juicios y prejuicios. Además, jerarquiza el verdadero trabajo en equipo, la solidaridad y la coherencia sin necesidad de aplausos ni falsos protagonistas. Fusionando nuestra responsabilidad social con nuestra verdadera realidad de una manera clara, creíble y cristalina.


Los pequeñamente gigantes son esos héroes anónimos, que hasta sin saberlo, son los principales engranajes de millones de acciones que suceden durante las veinticuatros horas del día. Uno de esos, seguramente, muchas veces y sin saberlo has sido tú, sin proponértelo has participado en el caminar ajeno. Y otras muchas, nuestra inmovilidad o pasividad lamentablemente también han sido una de las protagonistas en ese andar.

Tenemos la gran oportunidad de construir modelos empresariales, familiares, sociales y comerciales que sientan entre sus venas la convicción de entender el mundo como alguna vez nos dijeron que sería: “globalizado”. Pero que entre todos y en lo cotidiano, le demos un nuevo giro a ese concepto y seamos capaces de estimular desde el ámbito que nos toque,  la generación de  “pequeños grandes gigantes del éxito del silencio”.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 5 de mayo de 2017

Maldita necesidad

Necesitamos tiempo, dinero, trabajo, salud, espacio, serenidad, frialdad, objetividad, necesitamos desconectar y conectar, necesitamos gustar, amar, odiar, olvidar, recordar, comentar,  callar, perdonar, reír y llorar, ser, estar, desaparecer, empezar, terminar. Necesitamos necesitar. Porque siempre hay un instante donde respiramos de esa necesidad.

Vivimos en el mundo de la necesidad constante, por obligación o por deseo. Esta necesidad nace de la privación, de una actitud sentida y no satisfecha. Y más allá de las cinco categorías de necesidades de Maslow (fisiológicas, seguridad, amor y pertenencia, estima y  auto-realización) nuestro cerebro no descansa un minuto exigiéndose “torpemente” a sí mismo como nunca antes había sucedido en la historia.

El agotamiento de la necesidad incompleta ha dado paso a la nueva enfermedad del siglo, el tan estereotipado pero real: “estrés”. Aquello que sucede, por más pequeño que sea, ocurre por una necesidad y nuestra mente no descansa hasta intentar satisfacerlo. Donde hay un espacio hay una llamada. Y si esto lo sumamos al cambio que estamos viviendo en primera persona con la transformación digital, donde todo cambia en menos de un segundo y todo está en tus manos en cuestión de dos, no hay cuerpo que resista tanta ansiedad.


Pero también la necesidad nos abre una puerta inmensa de oportunidades donde la verdadera inteligencia radica en saber aprovechar bien los momentos: saber escuchar, empatizar y ser uno mismo. Tal vez, una oportunidad esté en abandonar por un instante la efervescencia volcánica en la que nos hemos metido en nuestro día a día, regalarnos un trozo de exquisito pragmatismo y ser por una vez coherentes con nuestra esencia, valores y verdaderos anhelos. Un regalo único que nos da la necesidad y sólo es cuestión de querer enterarse.


Una de las necesidades más importantes, tal vez la más difícil de satisfacer, es la del cambio. Necesitamos cambiar, lo sabemos, pero delegamos en mañana como una rápida opción de fuga. Nos miramos al espejo, sabemos que no queremos hacer lo que vamos a hacer pero desviamos la mirada y todo continúa como hasta ayer. Y la necesidad nos grita, nos estorba, nos reprocha, nos alerta, nos invade. En nuestras manos está crear el momento indicado, la oportunidad justa y la situación que esperábamos. Nadie lo hará por nosotros. Nadie cubrirá esa necesidad. O sí, quizás demasiado tarde y el vacío será aún mayor.

Sí, es cierto, necesitamos necesitar. Pero cuando entendemos que la verdadera necesidad está en el encuentro con nosotros mismos abandonando la autenticidad camuflada y oportunista, comienza el cristal a desempeñarse y allí estamos nosotros. Y el cambio tan esquivo será una realidad. Ser uno mismo en un mundo que constantemente intenta transformarse y transformarnos en algo diferente es una de las mayores necesidades satisfechas.


Saber diferenciar lo importante de lo necesario, valorar lo que hemos hecho y lo que tenemos, sabier reconocer y reconocernos, es abandonar con mucho criterio la carrera esquizofrénica de la maldita necesidad que nos ahoga en un minúsculo vaso de agua haciéndonos creer que es un inmenso mar.

Podemos escapar de cualquier sitio, menos de nosotros mismos, por eso la auténtica "necesidad necesaria" sólo está en nuestras manos. Y para que pueda surgir lo posible, decía Hermann Hesse, es preciso intentar una y otra vez lo imposible.